Las fiestas navideñas no serían lo mismo sin el Boxing Day. Sin embargo, uno de los aspectos del folclore que rodea a la fecha del 26 de diciembre siempre me ha chocado y más en los tiempos modernos. Me refiero a la idea de que en el Boxing Day las familias llevan a sus hijos e hijas a los estadios, como si semejante acción fuese algo excepcional, dando a entender que durante el resto del curso los niños y las niñas nunca acuden a los recintos deportivos a disfrutar del fútbol. Que yo sepa, los niños y las niñas presencian partidos en directo cada sábado y domingo y también entre semana, de modo que el romanticismo absurdo de afirmar que solamente en el Boxing Day se produce presencia infantil en los graderíos, responde a una leyenda urbana, a un mito sin fundamento empírico. Dejando a un lado este apunte sin demasiada importancia, mañana toca partido contra el último clasificado de la competición, en una jornada en la que estamos obligados a obtener un resultado positivo. Come on Liverpool...
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lunes, 25 de diciembre de 2017
martes, 23 de febrero de 2016
La mística
Supongo que ya lo habré escrito alguna vez, pero en ocasiones es necesario repetirse. No tengo por costumbre interesarme por las andanzas de nuestros jugadores más allá del desempeño que ejecutan en los terrenos de juego. Del mismo modo, suele importarme lo justo a lo que se dedique el cuerpo técnico en sus ratos libres. Teniendo en cuenta lo anterior, debo reconocer que desde que Jürgen Klopp llegó al club, me inquietan moderadamente sus coqueteos con el terreno de lo mediático. En el momento en el que nuestro actual entrenador se hizo un nombre en el mundo del fútbol mundial llevando al Borussia Dortmund a la gloria, la mayoría de aficionados al deporte rey descubrieron el carisma de este individuo. Es curioso ya que muchos de mis amigos y conocidos no tenían ni idea de quién entrenaba al Liverpool hace escasos meses y, sin embargo, ahora todos y cada uno de ellos saben a la perfección el nombre del tipo encargado de copar semejante responsabilidad.
En el fútbol moderno cuesta hacerse sitio en las conversaciones cotidianas de la gente si no tienes en tus filas a varios jugadores mediáticos o, en este caso, a un entrenador con auténtico gancho en los medios de comunicación. Por suerte, Jürgen Klopp es tan mediático como comprometido con la causa. Sin duda, una gran parte de la comunidad futbolística consideraba que era el hombre idóneo para comandar las riendas de un club de la categoría del Liverpool. Será por las similitudes que existen entre nosotros y el Borussia Dortmund. Y será también porque, aunque llevemos años en la segunda o tercera línea internacional en cuanto a resultados, la mística que rodea a nuestra entidad, con sus altibajos, continúa estando intacta.
En el fútbol moderno cuesta hacerse sitio en las conversaciones cotidianas de la gente si no tienes en tus filas a varios jugadores mediáticos o, en este caso, a un entrenador con auténtico gancho en los medios de comunicación. Por suerte, Jürgen Klopp es tan mediático como comprometido con la causa. Sin duda, una gran parte de la comunidad futbolística consideraba que era el hombre idóneo para comandar las riendas de un club de la categoría del Liverpool. Será por las similitudes que existen entre nosotros y el Borussia Dortmund. Y será también porque, aunque llevemos años en la segunda o tercera línea internacional en cuanto a resultados, la mística que rodea a nuestra entidad, con sus altibajos, continúa estando intacta.
lunes, 12 de octubre de 2015
Desde Dortmund hasta Liverpool
Cuando estuve en Anfield se me pasaba constantemente por la cabeza la posibilidad remota de llegar a trabajar para el club en alguna ocasión. Un suceso semejante implicaría tener el privilegio de tocar la legendaria placa del túnel de vestuarios cada día de la semana. Sin embargo, sé que ilusiones así son tan absurdas que el simple hecho de pensarlas resulta por completo surrealista. Por eso, en cierta medida, envidio a Jürgen Klopp. Siempre he considerado que si hay un equipo en el mundo que se parece al Liverpool, ese es el Borussia Dortmund. Ya apunté en otro texto que, para mí, Liverpool y Borussia Dortmund son los mejores clubes del planeta. Y esto es algo que me conduce, además de a envidiar a Jürgen Klopp por haber entrenado con éxito al conjunto alemán y por el honor que supone, en la actualidad, ser el manager del Liverpool, a esperar un cambio de planteamientos en la entidad a nivel general y un impulso futbolístico, actitudinal y de carácter contundente. Mi gran deseo, más allá de pelear por ganar títulos o cumplir con determinados objetivos a corto, medio y largo plazo, es volver a sentir que Anfield disfruta. Es indudable que nuestro estadio vive una etapa confusa y apagada. Culpa de ello tienen, en parte, las oleadas de turistas que se presentan en los partidos y que no conocen ni una sola canción de las que entona el graderío. Pero es evidente que los seguidores de verdad también han mostrado una disposición muy pasiva en las épocas recientes. Si algo le pido al nuevo entrenador es que sea capaz de devolvernos la ilusión.
Repasando los comentarios de muchos compañeros y compañeras, percibo que la alegría, aunque no hemos disputado todavía ningún choque dirigidos por este individuo, va retornando al entorno del club. Y eso es muy bueno. Ahora queda que nos demos un margen de tiempo para que el proyecto que arranca en la presente semana pueda ir instalándose con paciencia en el imaginario colectivo y, en concreto, en el seno de la plantilla, que buena falta hace.
Repasando los comentarios de muchos compañeros y compañeras, percibo que la alegría, aunque no hemos disputado todavía ningún choque dirigidos por este individuo, va retornando al entorno del club. Y eso es muy bueno. Ahora queda que nos demos un margen de tiempo para que el proyecto que arranca en la presente semana pueda ir instalándose con paciencia en el imaginario colectivo y, en concreto, en el seno de la plantilla, que buena falta hace.
jueves, 20 de agosto de 2015
Ética de trabajo
En la retransmisión del partido contra el Bournemouth en esa plataforma a la que ahora denominan Movistar+, el narrador y el comentarista de turno hicieron alusión a unas palabras de Lallana en las que nuestro jugador aseguraba que, a base de mucho entrenamiento, ha logrado llegar a ser ambidiestro. Es decir, que le pega al balón tanto con la izquierda como con la derecha. Supongo que no debo ser el único que se había dado cuenta de este hecho ya desde su etapa en el Southampton. Pero lo que de verdad me llamó la atención fue el comentario sobre el que ambos locutores discutieron a continuación. No sé con precisión si fue Sixto Miguel Serrano o su acompañante el que denominó la estrategia técnica de Lallana tal que una muestra de gran ética de trabajo. El término ética de trabajo ronda por mi cabeza en los últimos días y no acabo de tener del todo claro el motivo.
Quizás lo asocio a la cuestión de la disciplina pseudo-militar de un equipo de fútbol. Lo veo cada tarde cuando bajo a hacer deporte cerca de mi casa. Los equipos de fútbol de mi barrio, a partir de las categorías inferiores, se ven sometidos a duras sesiones de trabajo técnico y táctico. Es curioso verlo desde fuera. Si en el fútbol base los entrenadores buscan incesantemente lo minucioso, supongo que Rodgers multiplicará esa manera de actuar por diez o por cien. O quizás sea Lallana en solitario el que, al querer despuntar, se haya aplicado a sí mismo una rutina extra a la hora de mejorar en su faceta de futbolista. Más allá del suceso en cuestión, admito que sería muy de mi interés acudir a alguna sesión preparatoria del equipo con el fin de comprobar cuál es la auténtica ética de trabajo de nuestro entrenador. En sus altibajos tras las tres temporadas en las que lleva entrenando a la plantilla, las dudas sobre su eficacia nos invaden a muchos. Por tanto, no es de extrañar que, ante semejante motivo, seamos un amplio número de seguidores los interesados en comprobar qué clase de técnico es Rodgers en realidad.
Quizás lo asocio a la cuestión de la disciplina pseudo-militar de un equipo de fútbol. Lo veo cada tarde cuando bajo a hacer deporte cerca de mi casa. Los equipos de fútbol de mi barrio, a partir de las categorías inferiores, se ven sometidos a duras sesiones de trabajo técnico y táctico. Es curioso verlo desde fuera. Si en el fútbol base los entrenadores buscan incesantemente lo minucioso, supongo que Rodgers multiplicará esa manera de actuar por diez o por cien. O quizás sea Lallana en solitario el que, al querer despuntar, se haya aplicado a sí mismo una rutina extra a la hora de mejorar en su faceta de futbolista. Más allá del suceso en cuestión, admito que sería muy de mi interés acudir a alguna sesión preparatoria del equipo con el fin de comprobar cuál es la auténtica ética de trabajo de nuestro entrenador. En sus altibajos tras las tres temporadas en las que lleva entrenando a la plantilla, las dudas sobre su eficacia nos invaden a muchos. Por tanto, no es de extrañar que, ante semejante motivo, seamos un amplio número de seguidores los interesados en comprobar qué clase de técnico es Rodgers en realidad.
sábado, 8 de agosto de 2015
Revenge of the Reds
La mayoría de películas suelen tener un final feliz. Supongo que es lo que demanda el público, finales felices en los que triunfa lo definido como moralmente aceptable. Por ello, en ocasiones, un final trágico es necesario en el cine. Uno de esos finales que deja al espectador desconcertado. Es posible que así terminásemos la mayoría de nosotros cuando concluyó la pasada temporada. O quizás fue peor la conclusión de la anterior, en la que perdimos el título de liga en las últimas tres semanas de campeonato. Pero ante semejantes finales trágicos y desconcertantes, acostumbra a nacer aquello que George Lucas denominó una nueva esperanza. Sí, en efecto, estoy aludiendo a la saga de Star Wars, que por cierto este mismo año regresa con su séptimo episodio.
Es un tanto extraño hacer un símil entre el Liverpool y Star Wars, sin embargo así funciona este portal web. De manera que el arranque de la nueva temporada, tras la marcha de Gerrard y la construcción de un nuevo Main Stand en Anfield, puede significar algo parecido al tránsito del episodio III al IV de la gran historia espacial. He decidido denominarlo Revenge of the Reds, lo que nos llevaría directamente al nacimiento de esa nueva esperanza que, quién sabe, tal vez nos empuje a tiempos mejores en lo que a resultados deportivos se refiere. Para no seguir desvariando en exceso, adjuntaré la banda sonora correspondiente, con la que al menos yo os aseguro que voy a iniciar el presente curso futbolístico.
Es un tanto extraño hacer un símil entre el Liverpool y Star Wars, sin embargo así funciona este portal web. De manera que el arranque de la nueva temporada, tras la marcha de Gerrard y la construcción de un nuevo Main Stand en Anfield, puede significar algo parecido al tránsito del episodio III al IV de la gran historia espacial. He decidido denominarlo Revenge of the Reds, lo que nos llevaría directamente al nacimiento de esa nueva esperanza que, quién sabe, tal vez nos empuje a tiempos mejores en lo que a resultados deportivos se refiere. Para no seguir desvariando en exceso, adjuntaré la banda sonora correspondiente, con la que al menos yo os aseguro que voy a iniciar el presente curso futbolístico.
jueves, 14 de mayo de 2015
Cambios revolucionarios
Son muchas y muy variadas las personas que piden el cese de Brendan Rodgers como entrenador del equipo la temporada que viene. Ya sabéis de sobra que mi posición al respecto es la de apoyar al actual técnico y pedir una mejora en la estrategia de fichajes. Pero lo curioso de todo esto es que vivimos en una histeria colectiva que se multiplica cada semana tras los partidos, cuya máxima expresión reside en la constante elaboración de teorías sobre los resultados cosechados por el colectivo. Y es que, aunque somos el Liverpool y nos caracterizamos por apoyar en las buenas y en las malas -salvo desafortunadas excepciones-, lo cierto es que la mayoría de la gente está con el proyecto cuando ganas, mientras que pide a gritos un cambio revolucionario cuando pierdes.
En contraposición a esta postura muy ligada al deporte, me desquicia y enerva sobremanera el reverso tenebroso que, esas mismas mayorías, acaparan en los aspectos relacionados con la realidad socio-política. Recientemente se han celebrado elecciones en Reino Unido y, por desgracia, los conservadores seguirán gobernando cinco años más. Un descalabro absoluto para la izquierda y para la clase trabajadora. Es significativo ya que, mientras que en el fútbol se reclama ese cambio revolucionario en cuanto no se logran los objetivos, en la política pueden pasar décadas de destrucción masiva de los servicios y de los derechos sociales que, al parecer, el personal prefiere el continuismo. Ojalá tales actitudes fuesen a la inversa.
martes, 17 de febrero de 2015
Las falsas clases medias
Dicen que ya no hay lucha de clases, pero es una gran mentira. La lucha de clases está a la orden del día y no sólo en nuestra vida diaria, sino también en el fútbol. La mayoría de los aficionados de diseño suelen desear que sus equipos fichen estrellas de nivel mundial, porque lo que vende en esto del deporte es tener en tus filas a uno de esos jugadores cuya camiseta genera increíbles beneficios. Sin embargo, a la hora de salir al campo a pelear por ganar un partido o por cumplir unos objetivos específicos, como no dispongas de futbolistas de corte especializado, lo vas a tener muy difícil. Muy pero que muy difícil. La prensa, al menos en mi país, solía denominar “individuos de clase media” a ese tipo de futbolistas de corte especializado. Una falacia similar a denominar a la clase trabajadora que dispone de mejor posición salarial como precisamente eso, clase media. Aquel que no posee un medio de producción, aquel que se ve en la obligación de vender su fuerza de trabajo, es parte de la clase trabajadora. Y aquellos que poseen pequeños medios de producción, también. Por lo tanto, los deportistas considerados estrellas del firmamento, al fin y al cabo, pertenecen a la clase trabajadora. Porque ninguno de ellos es dueño de un club, y en cualquier momento pueden ser despedidos o traspasados en función de su rendimiento o de los intereses de los directivos de turno. Que no nos engañen. Somos de la clase trabajadora, de los de abajo. Y la lucha es contra los de arriba. En el fútbol, aunque lo parezca, las cosas no son en absoluto diferentes.
jueves, 25 de diciembre de 2014
La estanquera de Saigón
En la URSS también había fútbol, y muy bueno, por cierto. La frase anterior se la leí a Nega en su cuenta de Twitter, respondiendo a algún listillo que, como adalid de la marginalidad, criticaba el hecho de que la gente de izquierdas viese fútbol o apoyase a determinados equipos. Supongo que muchos intelectos que viven en su burbuja consideran que el deporte rey es un distractor esencial de las clases populares, y en cierto sentido, no les falta razón. Pero no deberían olvidar que, en sus orígenes, el fútbol siempre ha sido el espectáculo de la clase obrera. Que hoy por hoy esté secuestrado por grandes firmas, poderosos jeques, constructores sin escrúpulos y multimillonarios caraduras no quiere decir que no siga siendo un elemento fundamental de construcción social popular. Independientemente de la relación entre fútbol y política, me veo en la obligación moral de recomendar encarecidamente el último disco de Los Chikos del Maíz, que vio la luz hace escasas semanas y que desde entonces no he dejado de escuchar al menos una vez al día. Tras la bomba que resultó Riot Propaganda, en colaboración con Habeas Corpus, esperaba con ansia este álbum y la verdad es que ha merecido la pena. La evolución tanto en estructura como en letras, la madurez del grupo y el mensaje de cada tema es sublime. Las rimas de Toni y Nega nunca dejan indiferente. No sé si los aficionados al fútbol seremos o no revisionistas, pero desde luego, y como dijo el propio Nega, que nadie pase por alto que los rusos sabían bastante acerca de dar patadas a un balón y además lo hacían de maravilla.
jueves, 27 de febrero de 2014
FIFA 2000 - It's Only Us
Ya he hecho referencia en alguna ocasión a mi pasado como jugador de videojuegos relacionados con el mundo del fútbol. En concreto, a lo largo de mi infancia y mi primera adolescencia estuve enganchado tanto al PC Fútbol del año 1998, en el que Michael Robinson salía en portada y comentaba los partidos, como al FIFA 2000, probablemente el entretenimiento virtual que marcó con mayor intensidad mi evolución como aficionado al deporte rey. Bien se aprecia en la foto ilustrativa que el disco del que disponía no era para nada el original, sino que se trataba de una copia que conseguimos gracias a ciertos contactos que nos proporcionó bajo cuerda mi amigo el del cromo de McManaman, permitiendo de esa manera que unos cuantos indeseables adquiriésemos el producto por un precio mucho menor del que hubiera supuesto una compra del mismo en los grandes almacenes. De ahí el diseño artesanal elaborado por un servidor.
Pero más allá de las horas que permanecía delante del ordenador, que solían englobar los fines de semana, o de mis destrezas como productor gráfico, hay una circunstancia que no puedo obviar con respecto al famoso FIFA 2000 y a su repercusión a lo largo de mis días remotos. El juego contenía una serie de canciones de acompañamiento, algo habitual en los artículos de EA Sports, donde para mí destacaba un tema del tracklist por encima del resto. El autor era Robbie Williams y el título de la obra It's Only Us -a continuación dejo el correspondiente vídeo porque merece la pena que la disfrutéis-. Dicha pieza musical es un auténtico mito y siempre la incluyo en mis carpetas de varios, debido a que al escucharla evoco tiempos ya lejanos en los que mis grandes preocupaciones se basaban en ganar la liga logrando que Emile Heskey y Michael Owen fuesen los máximos goleadores de la temporada.
Pero más allá de las horas que permanecía delante del ordenador, que solían englobar los fines de semana, o de mis destrezas como productor gráfico, hay una circunstancia que no puedo obviar con respecto al famoso FIFA 2000 y a su repercusión a lo largo de mis días remotos. El juego contenía una serie de canciones de acompañamiento, algo habitual en los artículos de EA Sports, donde para mí destacaba un tema del tracklist por encima del resto. El autor era Robbie Williams y el título de la obra It's Only Us -a continuación dejo el correspondiente vídeo porque merece la pena que la disfrutéis-. Dicha pieza musical es un auténtico mito y siempre la incluyo en mis carpetas de varios, debido a que al escucharla evoco tiempos ya lejanos en los que mis grandes preocupaciones se basaban en ganar la liga logrando que Emile Heskey y Michael Owen fuesen los máximos goleadores de la temporada.
jueves, 20 de febrero de 2014
La cultura rural británica
No recuerdo la edad exacta que tenía la primera vez que vi la película Full Monty. Debía andar por los nueve o diez años, aproximadamente. Hay gente que piensa que esto de la crisis económica es fruto del azar o de la mala gestión de un determinado gobierno, pero cuando uno bucea en el pasado contemporáneo -no hace falta ir muy lejos, basta con mencionar los años noventa- se da cuenta del error que supone centrarlo todo en los días del presente. Creo que no llegué a entender el trasfondo del film hasta algún tiempo después, cuando volví a visualizar la obra con mayor uso de razón y con conciencia de lo que estaba ocurriendo tanto en mi país, como en el Reino Unido y en otros muchos lugares del continente europeo. Pero dejando a un lado el desmantelamiento de la industria en Inglaterra, ese que llevó a miles de obreros a quedarse en paro y a perder la esperanza de recuperar una vida digna, esta mítica cinta marcó un punto de inflexión en mi relación con la cultura rural británica.
Además de una historia que mezcla a la perfección el humor con el drama, de unos excelentes actores y de una recolección de imágenes y escenarios de Sheffield sencillamente magistral, gran parte de culpa de mi rendición a dicha elaboración cinematográfica la tiene su memorable banda sonora. En su momento ganó el premio a la mejor recopilación de música de comedia y no es para menos, porque se trata de una selección de magníficas canciones que le aportan a la ambientación un plus extra de calidad que no se puede pasar por alto. Supongo que desde entonces me convertí en medio inglés y di el paso definitivo para que hoy por hoy me sienta más identificado con lo que acontece en las islas que con multitud de las costumbres que me rodean en la península.
A continuación y para concluir este texto, adjunto un vídeo cuyo propósito es deleitar a todos los lectores con uno de los temas del soundtrack de rigor. He seleccionado Make Me Smile de Steve Harley & Cockney Rebel puesto que me trae viejas reminiscencias y representa de forma absoluta e impecable todo lo narrado con anterioridad.
Además de una historia que mezcla a la perfección el humor con el drama, de unos excelentes actores y de una recolección de imágenes y escenarios de Sheffield sencillamente magistral, gran parte de culpa de mi rendición a dicha elaboración cinematográfica la tiene su memorable banda sonora. En su momento ganó el premio a la mejor recopilación de música de comedia y no es para menos, porque se trata de una selección de magníficas canciones que le aportan a la ambientación un plus extra de calidad que no se puede pasar por alto. Supongo que desde entonces me convertí en medio inglés y di el paso definitivo para que hoy por hoy me sienta más identificado con lo que acontece en las islas que con multitud de las costumbres que me rodean en la península.
A continuación y para concluir este texto, adjunto un vídeo cuyo propósito es deleitar a todos los lectores con uno de los temas del soundtrack de rigor. He seleccionado Make Me Smile de Steve Harley & Cockney Rebel puesto que me trae viejas reminiscencias y representa de forma absoluta e impecable todo lo narrado con anterioridad.
lunes, 10 de febrero de 2014
Repercusión en Hollywood
Mientras le dábamos el repaso de rigor al Arsenal el pasado sábado en Anfield, una estrella del celuloide publicaba en twitter su entusiasmo ante lo que los nuestros estaban consiguiendo en el campo de fútbol. El individuo en cuestión es Samuel L. Jackson, que al parecer es fiel seguidor del club, todo lo fiel que puede ser alguien que vive envuelto entre rodajes de películas, estrenos, promociones y demás historias. Me alegra saber que un tipo al que admiro por su trabajo se preocupa por lo que los Reds logran y dejan de lograr, ya que eso quiere decir que los desempeños del equipo tienen cierta repercusión no solamente en Inglaterra o en Europa, sino también al otro lado del charco. Y por suerte nuestra presencia allí no se debe en exclusividad a esas giras veraniegas que tanto me desagradan, sean en Estados Unidos o en Malasia.
jueves, 30 de enero de 2014
Compañeros de contienda
Como redactor de este portal, en el que intento acercar la filosofía y la actualidad referente al Liverpool FC a todos los lectores, me veo en la obligación moral de compartir con vosotros un par de links a otros rincones de la red en los que encontraréis una labor semejante a la aquí realizada. Se trata de los blogs de Carlos Villar (@plyred) y de Jesús Bórnez (@jbornezf), dos plataformas hermanas en las que también es posible disfrutar de lo que acontece en la ribera del Mersey desde el punto de vista del aficionado.
miércoles, 15 de enero de 2014
Lucha de clases
El otro día leí una entrevista a Ángel Cappa, antiguo entrenador de fútbol, en la que decía que el neoliberalismo económico ha conseguido que el deporte rey deje de ser de la gente para convertirse en un negocio sin escrúpulos. Es evidente que estoy totalmente de acuerdo con las palabras de Cappa, que además de inteligente, es un tipo comprometido. No es la primera ocasión en la que hago referencia al neo-fútbol, como lo llamo yo, y tampoco será la última. Si hacemos un símil entre sociedad y deporte, el fútbol es la mejor metáfora posible. Estamos inmersos en una permanente lucha de clases en la que los ricos lo dominan todo mientras que los pobres se matan a trabajar por y para esas grandes fortunas que, llegado el momento, le arrebatan al currante la riqueza creada fruto de su labor y dedicación.
Los contratos televisivos, las giras por países sin tradición, los jugadores sobre-remunerados y las campañas publicitarias han inundado el panorama, generando entre las aficiones un sentimiento de desapego con respecto a lo que antes se estimaba como propio que resulta bastante preocupante, por no decir trágico. En Anfield suele congregarse un número amplio y sospechoso de personajes que van al estadio a hacerle fotos a Suárez o a la estrella de turno, y que pasan de animar o se marchan antes de tiempo cuando el equipo va perdiendo y no parece que vaya a haber remontada. Es dramático. Incluso así, todavía me considero un privilegiado por ser parte de un club que, aunque cada vez se ve obligado a imitar con mayor frecuencia a los ricos, al menos sigue cuidando el legado de hombres como Shankly o Paisley, y cuya gran masa de aficionados continúa creyendo en el nunca caminarás solo como filosofía de cabecera. Pero lo que veo a mi alrededor no me gusta en absoluto.
El fútbol también es una lucha de clases. Siempre lo ha sido. El fútbol, como la vida, se divide entre ricos y pobres, entre explotadores y explotados. Las diferencias salariales, los abusivos costes de las entradas, los fichajes al estilo alfombra roja, etc., no hacen otra cosa que contribuir a que la gente corriente se sienta inevitablemente más y más lejos de un juego que nació por y para los ciudadanos de base, como nexo de unión social, como protocolo para convivir y competir desde el plano del entretenimiento. La lucha de clases nunca ha dejado de existir, y a pesar de que los poderosos nos llamen tranochados, algunos creemos que denunciar la injusticia es parte de un cometido que va más allá de unos colores futbolísticos. El fútbol es y debe ser de la gente, y como tal, hay que recuperarlo, al igual que todas las conquistas sociales que este modelo económico nos ha arrebatado a lo largo de la historia contemporánea.
martes, 31 de diciembre de 2013
El año en que estuve en Anfield
Si tengo que calificar el año 2013 que finaliza hoy, sin duda hay un hecho que destaca por encima del resto en cuanto a mi experiencia a lo largo del mismo. Y es que recordaré siempre 2013 por ser el año en que estuve en Anfield por primera vez. Con eso ya es más que suficiente.
miércoles, 11 de diciembre de 2013
Las prendas del club
La verdad es que no soy muy amigo de andar comprando ropa cada dos por tres, como suele hacer una amplia mayoría de la población de nuestro entorno más cercano. Es más, en los tiempos contemporáneos, todavía utilizo algunas chaquetas y sudaderas que adquirí hace más de 10 años, todo un logro si tenemos en cuenta que la vestimenta, nos guste o no, acaba estropeándose con el paso de periodos duraderos de tiempo. Pero cuando uno sabe cuidar las cosas con delicadeza, todo puede tener una larga vida, ya sean utensilios varios o prendas de vestir. El caso es que el curso pasado, en un acto de valentía, tome la dificultosa determinación de añadir algunas piezas y complementos a mi ropero particular, acudiendo de forma lógica a la tienda oficial del club para ver ofertas y posibles hallazgos de interés. Fue entonces cuando me topé con la maravilla que podéis observar en la foto de la presente entrada, una cazadora estilo retro en la que el escudo del Liverpool y la palabra Anfield decoran una composición absolutamente magnífica, coloreada en un tono rojo que sobresale por encima de cualquier otra indumentaria. No dudé ni un instante en obtenerla, porque evidentemente una ocasión así no se presenta todos los días, aprovechando además que por aquel entonces la tienda realizaba una serie de descuentos y perdonaba los gastos de envío para los pedidos a lo largo de todo el continente europeo. A los pocos días llegó a mi domicilio y desde aquel momento disfruto de su compañía. Conociéndome, es muy posible que esta brillante camarada de viaje esté conmigo durante muchos años, no me atrevería a decir un número exacto, pero seguramente hasta donde alcance nuestra imaginación. No hay nada mejor que lucir estéticamente y además hacerlo por medio de una pasión tan inefable como es ser seguidor del Liverpool FC.
jueves, 28 de noviembre de 2013
El proyecto de la Academia
Si os digo que no sería interesante, el día de mañana, tener una relación directa o incluso indirecta con The Academy -que para los que no lo sepáis, es la academia de fútbol base del Liverpool, es decir, la cantera del club-, me podríais tachar de mentiroso. Tengo la intención de adquirir, en un futuro no muy lejano, conocimientos relativos a todo el área de la psicología del deporte, aunque sólo sea por la aventura de saciar mis inquietudes personales, como suele hacerse en estos casos. Es cierto que, cuando de verdad aprendemos las personas, es cuando nos dedicamos a estudiar libremente las disciplinas y los rincones específicos del saber, sin que vengan otros a exigirnos resultados cuantificables de manera inmediata o cuasi-inmediata. Por eso no he querido especializarme, ni mucho menos, en el campo de la psicología deportiva en la universidad, a pesar de que uno de mis planes como psicólogo es poder intervenir, cuando sea necesario, en dicho campo en cuestión.
Es por eso que, al repasar las bases de lo que significa The Academy, tengo la sensación de que es posible que en nuestra cantera haya cosas que se estén haciendo bien y otras que no tanto. La semana pasada eran despedidos dos de los trabajadores de la Academia, de una forma bastante cuestionable ya que a la mayoría de los seguidores nos sorprendió para mal semejante decisión. Pero es evidente que, desde fuera, se nos hace muy complicado valorar los procesos recónditos y las medidas que se toman desde la dirección deportiva y más en temas de cantera, en los que la prensa especializada no toma cartas prácticamente nunca. Independientemente de lo acontecido en el fuero interno del lugar, estos días estoy satisfecho con el trabajo realizado por los técnicos del fútbol base del club ya que, como comenté tras el último partido, se le ha dado por fin la oportunidad a Jon Flanagan de demostrar que es un jugador totalmente válido para el primer equipo, y ahora que sabemos que José Enrique se va a perder tres meses de competición, es factible que la aportación del chaval nos sea más que bienvenida.
En cuanto a lo de trabajar para The Academy, sería interesante quizás que el Liverpool abriese algún tipo de escuela en España, o alguna rama de captación relacionada con la supervisión del talento de futuros deportistas. Eso o que se me permitiese contribuir con la propagación del mensaje y de la filosofía del club en otras escuelas de fútbol de tipo más modesto, como delegaciones locales, clubes municipales o similares. Es probable que no necesite de una oficialización para difundir nuestra idea de lo que es el deporte, ya que soportes como este blog me permiten acercar el Liverpool FC a la gente, pero lógicamente sería un sueño poder llegar a colaborar algún día en nombre de la mencionada Academia.
jueves, 21 de noviembre de 2013
Al otro lado del Stanley Park
Al otro lado del Stanley Park pasan cosas. Creo que no hay mejor forma de prepararme para el primer Merseyside Derby narrado en este blog que escribir sobre nuestros vecinos. Ya conté que, cuando estuve en Liverpool, me dio por pasear desde Anfield hasta Goodison, que técnicamente están bastante próximos. Nos separa el Stanley Park, un lugar parecido al Sefton Park, aunque con más ambiente de fútbol. Aquel día el Everton jugaba un amistoso frente al Betis, y me tocó cruzarme con tipos vestidos de azul mientras yo caminaba haciendo lo propio, pero claro, con la indumentaria roja. Anécdotas para la posteridad. Allí, en el estadio situado al otro lado del parque, se congrega cada fin de semana la parroquia 'blue' de Liverpool, una comunidad de personas que, seamos sinceros, me cae bastante bien. La rivalidad entre nosotros es puramente deportiva, queda en el terreno de juego, o al menos así lo veo yo, a pesar de que Bill Shankly solía bromear burlándose del Everton. Desde mi punto de vista, los Toffees son un club más que simpático, aunque tengo que decirlo, siempre me encanta ganarles, sea en el lugar que sea y en la competición que toque.
El caso es que hace pocos días, la Premier League lanzó una serie de campañas de publicidad en agradecimiento a todos los fans de la competición por su apoyo a la liga. En uno de esos spots, hace aparición un individuo al que se muestra como alguien absolutamente entrañable. Se trata de un viejo seguidor del Everton al que vemos en pleno ritual de apoyo hacia los suyos, llevando consigo una bufanda azul colgada al cuello. Sin duda, lo mejor de dicha campaña es este hombre, este vecino que seguro que siente algo similar cuando anima a su Everton que cuando yo hago lo mismo con mi Liverpool. Merece la pena ver el vídeo al que estoy haciendo referencia.
El caso es que hace pocos días, la Premier League lanzó una serie de campañas de publicidad en agradecimiento a todos los fans de la competición por su apoyo a la liga. En uno de esos spots, hace aparición un individuo al que se muestra como alguien absolutamente entrañable. Se trata de un viejo seguidor del Everton al que vemos en pleno ritual de apoyo hacia los suyos, llevando consigo una bufanda azul colgada al cuello. Sin duda, lo mejor de dicha campaña es este hombre, este vecino que seguro que siente algo similar cuando anima a su Everton que cuando yo hago lo mismo con mi Liverpool. Merece la pena ver el vídeo al que estoy haciendo referencia.
viernes, 4 de octubre de 2013
Will, la película
Gracias a una imagen de Estambul que ejerce como cabecera de la página del mes de octubre de un calendario que tengo por aquí cerca, he recordado que tengo el deber de recomendaros una película. Supongo que la mayoría de los seguidores Reds que pasan por este portal para leer mis insensateces ya la conocerán, pero estoy seguro de que aquellos que estáis descubriendo lo que es el Liverpool FC y su entorno gracias a este blog, no habéis escuchado o leído nunca nada en referencia a semejante film. Se trata de un largometraje denominado Will, haciendo honor al nombre del personaje protagonista, un chavalín que decide emprender una aventura y recorrer Europa entera para asistir a la que, para mí, ha sido la mejor final de Copa de Europa de todos los tiempos, la de 2005 en la que nos enfrentamos al Milan y terminamos levantando la Quinta -y que, por cierto, se disputó en Estambul, de ahí lo del calendario-. La verdad es que no se me ocurre mejor motivación para ir de una punta a otra del continente que la de animar al equipo en un acontecimiento de tal calado, pero no voy a desglosar nada más del argumento ya que se supone que mi interés reside en que la veáis. Las alusiones a Steven Gerrard, Luis García o Sami Hyypiä son un valor añadido -creo que nunca volveré a ver un central tan brutal como Hyypiä, en serio-, y la participación como actor del propio Stevie G así como de Jamie Carragher, junto a la aparición estelar final de Kenny Dalglish, completan una cinta memorable para todos los que nos emocionamos con la simple visualización de un grupo de camisetas rojas.
lunes, 26 de agosto de 2013
También estuve en Wembley
Como ya comenté en las anteriores entradas referentes a mi paso por Liverpool, también estuve unos días en Londres disfrutando de la ciudad y de sus encantos. Además de visitar los lugares más importantes de la metrópoli, de recibir el saludo de un tendero cerca de Piccadilly por llevar puesta una muñequera del Liverpool, y de asistir una noche al teatro para ver el musical We Will Rock You -en el que utilizan las canciones del que para mí es el mejor grupo de rock de la historia, Queen-, dedicamos una mañana a acudir al templo del fútbol mundial, Wembley. Desde su apertura tras la renovación en 2007, siempre he pensado que se trata del escenario deportivo más impresionante del globo, y tras verlo con mis propios ojos, me reafirmo por completo. El tour consta de un paseo por las instalaciones tanto interiores -vestuarios, túneles, sala de prensa y demás- como por las gradas del campo, con parada en el palco de honor donde incluso puedes tocar una réplica de la FA Cup. Dicho circuito lo realizamos pocos días antes de la celebración de la Community Shield, de ahí que los banquillos estuviesen decorados con los escudos del Manchester United y del Wigan Athletic, campeones de la última liga y de la última copa, respectivamente.
El objetivo de todo club británico es pisar este lugar allá por febrero para jugar una final, la de la Copa de la Liga, y también durante la recta final de la temporada, cuando se disputan las semifinales y la final de la FA Cup. Ojalá esta temporada el estadio de Wembley pueda llenarse de camisetas rojas del Liverpool en alguna ocasión, sería señal de que peleamos por trofeos, algo que, al fin y al cabo, todo aficionado desea.
El objetivo de todo club británico es pisar este lugar allá por febrero para jugar una final, la de la Copa de la Liga, y también durante la recta final de la temporada, cuando se disputan las semifinales y la final de la FA Cup. Ojalá esta temporada el estadio de Wembley pueda llenarse de camisetas rojas del Liverpool en alguna ocasión, sería señal de que peleamos por trofeos, algo que, al fin y al cabo, todo aficionado desea.
jueves, 22 de agosto de 2013
El tour de Anfield y el Stanley Park
El día 11 de agosto teníamos entradas para realizar el tour del estadio de Anfield a las 11:00 horas, no obstante al presentarnos con más de una hora de antelación, permitieron que accediésemos con el grupo anterior, el de las 10:00 horas. Por suerte, la climatología parecía ayudar, ya que aunque el cielo estaba amenazando, no terminaba de descargar lluvia en ningún momento. Los guías de tour, dos trabajadores del club, nos dieron los buenos días y añadieron el clásico "You'll Never Walk Alone" antes de entrar en los túneles del estadio, con un inglés un tanto complicado de interpretar, sin embargo a uno de ellos, por suerte, sí se le llegaba a entender casi en su totalidad. Una vez dentro, primero visitamos un hall con numerosas fotos históricas, para continuar después por la sala de prensa y el vestuario del Liverpool. En los percheros estaban colocadas las camisetas de varios jugadores, entre ellos Johnson, Agger, Gerrard, Lucas, Iago Aspas, Coutinho o Sturridge. Sacamos fotos, como marca la tradición, justo antes de situarnos en las escaleras de acceso al terreno de juego donde la gran placa de This is Anfield nos esperaba impaciente a todos. Allí también capturamos instantáneas, para luego saltar al césped -o, mejor dicho, a los banquillos- y contemplar la majestuosidad de la grada y del campo de fútbol. La última parada del tour la realizamos en The Kop, la tribuna más reconocida del planeta, a la vez que por la megafonía del estadio sonaba el You'll Never Walk Alone de Gerry & the Pacemakers, nuestro himno, que finalizó coreado en la propia grabación por los aficionados que algún día llenaron el graderío. Una experiencia absolutamente mística.
En las afueras del campo, dimos una vuelta fotografiando la estatua de Bill Shankly, las Paisley Gates, las Shankly Gates y el memorial por las 96 víctimas de Hillsborough. Allí nos cruzamos con un transeúnte que, al pasar por delante de la lámina con los nombres de los fallecidos, besó la misma y continuó su camino. En la tienda del estadio adquirimos prendas oficiales del club, por mi parte la camiseta de Gerrard, como ya avancé en este mismo blog hace algunas semanas, además de una sudadera con el escudo y los nombres de las ciudades donde hemos levantado Copas de Europa, una bandera roja y de regalo, por comprar la camiseta de juego, me llevé otra camiseta negra con el Liverbird y las letras LFC que, sinceramente, me parece brillante.
Tras pasar bastante tiempo en Anfield, decidimos que era momento de pasear por el Stanley Park camino del estadio de nuestros vecinos del Everton, el Goodison Park. El Stanley Park es un parque bastante acogedor, a pesar de que en aquellos momentos empezó, esta vez sí, a llover. Hicimos varias fotos antes de sentir como en Goodison había bastante ruido y ajetreo, apreciando desde la lejanía como gente con camisetas azules se dirigía al campo. Juega el Everton, pensé. De hecho, así era. No tenía ni idea, pero aquella mañana el Everton se enfrentaba al Betis y muchas personas iban camino de las gradas para ver a los suyos, mientras que yo iba vestido con la camiseta del Liverpool en un acto algo insensato por mi parte. Pero no me importó, al fin y al cabo el Liverpool y el Everton son equipos rivales, pero que se respetan. Un tipo me pidió explicaciones desde un pub, como intentando hacerme ver que caminar por los alrededores de Goodison en un día de partido con la casaca roja no era algo muy popular. Una anécdota para la posteridad. Por cierto, la foto que veis encima de este párrafo es de una tarjeta que nos dieron como recordatorio antes de entrar al tour.
Mi intención es volver a Anfield para ver jugar a los chicos. Caminar por el Stanley Park y los alrededores del estadio, visitar el memorial de los fallecidos en Hillsborough y entrar por las puertas de The Kop donde si vas pasado de peso lo tienes complicado, es uno de mis proyectos de futuro. Espero que algún día pueda cumplirlo, como ya he cumplido el deseo de estar en el estadio y de vivirlo en primera persona. Y ahora, para terminar este texto, voy a dejaros con un vídeo en el que Steven Gerrard nos muestra las instalaciones de Anfield. Para que así los que no lo conozcáis os hagáis una ligera idea. Hay que tener en cuenta que esta filmación es de hace varios años, lo digo por el aspecto de chiquillo que tenía el capi por entonces. Que lo disfrutéis.
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