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sábado, 12 de julio de 2014

Great memories: Chapas del Liverpool

Si por algo tengo marcada en la memoria la final de la Copa de la UEFA de 2001 en la que derrotamos al Alavés por 5-4, es por su impacto sobre mi percepción del fútbol británico y por el empuje que supuso para aficionarme al rojo por encima de cualquier otro color. En aquellos tiempos, como individuo extraño que he sido siempre, solía entretenerme por mi cuenta con juegos poco comunes como, por ejemplo, partidos de fútbol-chapa en los que me enfrentaba conmigo mismo. Mientras el resto de chavales se reunía en el parque para dar patadas a un balón, o para cambiar cromos, o para lo que fuese que se hiciera en épocas remotas en las que los teléfonos móviles todavía no nos habían transformado en zombis, yo me quedaba en casa, preparaba una especie de mantel verde a modo de terreno de juego y disputaba duelos a cara de perro entre equipos europeos y, en ocasiones, entre selecciones internacionales. En principio, acostumbraba a recrear la liga española, pero una vez vista aquella memorable final de Copa de la UEFA en la que jugadores como Gerrard, McAllister o Hyypiä asombraron al mundo, decidí abrir paso a los clubes ingleses en mi particular teatro futbolístico. Y el primer conjunto que tuvo el honor de ser fundado, en consecuencia, fue el Liverpool.

Cuando eres niño te diviertes con facilidad. Crecer, en múltiples casos, es aprender a no deleitarte con nada. Muchas veces me pregunto si sería capaz de disfrutar jugando a las chapas en solitario en la actualidad como lo hacía por aquel entonces. La respuesta, mal que me pese, parece negativa. Pero tampoco efectúo la prueba, por lo que puedo estar incurriendo en un error fundamental de atribución. Si soy sincero, me tienta la opción de volver a vestir a un grupo de once chapas de cerveza con camisetas rojas y empezar de cero, como a la edad de 12 o 13 años. Probablemente lo haga, y si accedo al plan, por descontado os lo pienso contar.

martes, 26 de noviembre de 2013

Grobbelaar y el Olímpico de Roma

Hace un par de semanas, fui al cine a ver la proyección del próximo DVD de Muse, que contiene el concierto que tuvo lugar en el Olímpico de Roma durante su pasada gira de estadios. Pero no es de eso de lo que voy a escribir hoy, aunque es cierto que la presente entrada viene motivada por lo que me suscita aquel lugar de la capital italiana. Resulta que allá por 1984, cuando quedaban todavía cuatro años para mi nacimiento, el Liverpool disputó la final de la Copa de Europa allí, nada más y nada menos que frente a la Roma, equipo anfitrión y que pretendía levantar el trofeo en su terreno de juego, ante los suyos. Pero si algo caracteriza a nuestro club, es el hecho de crecerse ante la adversidad. La etapa desde mediados de los 70 hasta mediados de los 80 fue la más gloriosa de nuestra historia, con un entrenador como el gran Bob Paisley a los mandos del equipo -aunque en la temporada 83/84 el técnico era ya Joe Fagan- y con una serie de jugadores legendarios entre los que se encontraba Bruce Grobbelaar, el que era el guardameta de la plantilla desde 1981. Aquella noche en el Olímpico de Roma, el portero terminó convirtiéndose en el gran héroe, al realizar una extraña danza que tenía como objetivo desconcentrar al jugador rival en el disparo clave de la tanda de penaltis -anteriormente había sonreído los periodistas situados tras la portería y había mordido la red de la misma en un gesto, digamos, raro-, lo que finalmente resultó ser efectivo puesto que nos llevamos la cuarta Copa de Europa tras anotar más lanzamientos que los italianos. Las maniobras de Grobbelaar pasaron a la historia del fútbol europeo, dando lugar a que en 2005, cuando marchábamos al desempate desde los 11 metros frente al Milan en Estambul, Carragher le intentase comer la cabeza a Dudek recordándole al mítico Grobbelaar, influyendo determinantemente en el polaco ya que, emulando a su colega, también protagonizó extraños movimientos corporales que terminaron con la paciencia de individuos como Shevchenko.

Es de rigor rememorar aquella tanda de penaltis de Roma 84', en la que este personaje firmó su gran noche, con un resumen del hecho en cuestión. En dicho documento visual añadido a continuación se aprecia la evolución del arquero durante los lanzamientos desde la pena máxima, hasta repercutir en los errores de los jugadores de la Roma -en el minuto 07:45 del vídeo está la gran proeza del mencionado Grobbelaar-, que vieron como el Liverpool se llevaba aquel torneo gracias a la improvisación y a la peculiaridad de alguno de sus principales componentes.

jueves, 31 de octubre de 2013

Las camisetas del año del triplete

Si algo me hizo especial ilusión visitando el museo de Anfield, además de toparme con las cinco Copas de Europa, fue encontrarme con la imagen que podéis ver en la foto. Son las equipaciones de la temporada 2000/2001, el curso en el que el Liverpool se llevó tres títulos a la saca, la FA Cup, la League Cup y la Copa de la UEFA -posteriormente ganamos también la Supercopa de Europa y la llamada en etapas remotas Charity Shield-. Aquella temporada queda ya bastante lejos, más todavía cuando por entonces mi relación con el fútbol británico se limitaba a jugar con el Liverpool o con el Arsenal en el FIFA 2000, épocas que dejé atrás hace ya mucho tiempo. Fijaos si andaba yo perdido, que me ofrecía para comandar al Arsenal en los videojuegos. Una broma de mal gusto. Independientemente de lo anecdótico, de lo que me acuerdo perfectamente es de la irrupción en el panorama mundial de dos individuos que, posteriormente, ocuparían un lugar bien distinto en nuestra historia. El primero era Michael Owen, que hasta logró llevarse el Balón de Oro tras aquel curso. El segundo, Steven Gerrard. Una comparación muy poco pareja.

Las equipaciones del año del triplete molaban, especialmente la segunda. Recuerdo que, al elegir al Liverpool en el FIFA 2000, cambiaba la camiseta titular por la suplente. Cosas que se me ocurrían y con las que me sentía cómodo. Después de ganar la Copa de la UEFA ante el Alavés en la denominada mil veces final más loca y espectacular de la competición hoy en día conocida como Europa League, decidí que el Arsenal ya no podía seguir ocupando un lugar privilegiado en mi juego de ordenador, pasando a centrarme exclusivamente en el Liverpool cuando me encargaba de disfrutar de la Premier League virtual. Además, reuní un conjunto de chapas clásicas de botella para formar mi equipo-chapa de los Reds. Ya en aquellos días, supongo, empecé a darme cuenta de que mi debilidad por un club legendario y mítico como el Liverpool era más que una simple simpatía lejana. El año 2001 fue bastante importante, de ahí que al ver la estampa añadida como foto de entrada, me sintiese especialmente emocionado.

viernes, 2 de agosto de 2013

Great memories: El último título

El 26 de febrero de 2012 fue un gran día, al menos para mí. Supongo que para todos los seguidores del Liverpool, aquella fecha tuvo un significado especial. Jugábamos la Final de la Copa de la Liga en Wembley ante un equipo de, por entonces, menor categoría, el Cardiff City, y teníamos todas las papeletas para hacernos con el triunfo. Pero las cosas se fueron complicando, llegamos al descanso por debajo en el marcador y nos costó un mundo empatar el choque. Skrtel hizo el tanto que ponía las tablas, y en la prorroga, Kuyt consiguió marcar el gol que nos colocaba por delante a pocos minutos de la finalización de la contienda. Empezábamos a vernos ya en el palco de honor levantando la copa cuando el Cardiff, tras un saque de esquina, igualaba de nuevo el luminoso, mandando el partido a la tanda de penaltis. Los errores se sucedían desde los once metros, pero la suerte estuvo de nuestra parte y finalmente logramos ganar la competición. Fue el último título que llegó a nuestras vitrinas, y el primero después de una sequía de varios años, de modo que lo recuerdo con especial cariño. Dejo a continuación un vídeo de los seguidores que se desplazaron aquel 26 de febrero hasta el gran templo del fútbol mundial entonando el You'll Never Walk Alone durante la celebración post-partido.