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miércoles, 27 de marzo de 2019

Great memories: Leyendas del Liverpool

Un síntoma evidente de que los años pasan es ver a los futbolistas que coparon nuestra niñez retirarse. En mi caso, muchos de los ídolos de mi infancia y adolescencia ya han ido colgando las botas, motivo por el cual los partidos de leyendas siempre me resultan atractivos. En ellos puedo volver a disfrutar de los jugadores que vestían de rojo en el pasado, lo que suele traerme grandes recuerdos y una amplia y bien recibida dosis de nostalgia. El evento más reciente ocurrió el sábado en Anfield, con el choque entre las leyendas del Liverpool y las leyendas del Milan. Desde Dudek, Carragher, Hyypiä, Gerrard, Luis García o Fowler, hasta rivales del nivel de Cafú, Rui Costa, Pirlo o Inzaghi, nos hicieron rememorar citas inolvidables como la final de la Copa de Europa de 2005 en Estambul en la que fuimos campeones. Y es que el fútbol no es sólo presente. El fútbol se basa en la historia construida y, debido a ello, es fundamental que los seguidores reivindiquemos el patrimonio que han supuesto las diversas etapas gloriosas de las entidades a las que prestamos apoyo. Con enfrentamientos así lo llevamos a efecto, además de que se nos ofrece la oportunidad de mostrar a los niños la importancia de reconocer nuestros orígenes.

domingo, 26 de marzo de 2017

Great memories: Xabi Alonso

En el año 2003 la Real Sociedad estuvo a punto de ganar la liga española. Vivieron algo similar a lo que nos sucedió a nosotros en el año 2014, en el que casi logramos ser campeones. En aquel equipo empezaba a sobresalir un centrocampista que al poco tiempo tomó la decisión de venir a jugar al Liverpool. Su nombre, Xabi Alonso. La verdad es que, cuando en el verano de 2004 se oficializó su incorporación a la plantilla, me sorprendió y mucho que, teniendo ofertas de otros equipos de mayor potencial económico, se decantase por el proyecto que por entonces comenzaba a liderar un recién aterrizado Rafa Benítez. El tiempo le daba la razón, ya que en mayo de 2005 levantó la Copa de Europa en la gloriosa final de Estambul.

Xabi Alonso siempre ha sido uno de mis futbolistas preferidos, ya desde aquella temporada memorable en la Real Sociedad. Disfrutar durante cinco campañas de su fútbol en el Liverpool fue un privilegio. Por eso, ahora que ha anunciado su retirada, solamente deseo que más pronto que tarde regrese al club en calidad de lo que sea. Tipos como él merecen ser representantes de nuestra entidad por los rincones del planeta.

martes, 29 de diciembre de 2015

Memoria histórica

Antes de visitar al Sunderland en el último partido del año 2015 en el que además concluye la primera vuelta de la liga, conviene hacer un repaso a lo que han supuesto los meses que ya dejamos atrás para arrancar de nuevo con propósitos, deseos, ilusiones y todas esas historias. Y es que 2015 no ha sido un año que los seguidores del Liverpool recordaremos en cuanto al terreno deportivo se refiere. Quizás lo que más podamos destacar en el futuro, y ojalá que sea así, es que fue el año en que llegó Jürgen Klopp al equipo. Si logramos que 2015, dentro de tres o cuatro cursos, tenga ese mínimo de importancia, será que las cosas nos habrán ido bien. Por otra parte, también es preciso que hagamos un esfuerzo por recordar que, allá por el pasado mes de mayo, se cumplía una década de la última gran hazaña de los nuestros, la consecución de la quinta Copa de Europa en Estambul. Sobra afirmar que, cuando festejar el aniversario de un triunfo se convierte en el hecho fundamental del año, eso es que las circunstancias no marchan, en terreno de lo futbolístico, de la mejor manera posible. Teniendo en cuenta que somos y siempre seremos un club de los grandes, esto es un problema a resolver. No obstante, hacer memoria es fundamental en todos los ámbitos de la vida, y en concreto, hacer este tipo de memoria histórica nos sirve para tener presente nuestra esencia, independientemente del momento actual y de las adversidades que estemos afrontando. Por eso hoy, día previo a jugar frente al Sunderland y cerrar un año 2015 intrascendente en cuanto a logros y triunfos, quiero reivindicar la memoria histórica del Liverpool y dejar claro que, más allá de los problemas que toque atravesar, somos grandes y nuestra camiseta merece un lugar único e irrepetible en la historia del fútbol mundial.

sábado, 22 de agosto de 2015

Great memories: Mestalla

No tengo un recuerdo nítido de la primera vez que vi jugar al Liverpool. Puede que fuese en el año 1998, allá por el mes de noviembre, en una eliminatoria frente al Valencia en la Copa de la UEFA. Pero no estoy seguro. Sea como sea, me acuerdo muy bien de aquel partido. Era la segunda ronda, en la época en la cual la Copa de la UEFA se disputaba íntegra a cruces de ida y vuelta. Habíamos empatado sin goles en Anfield y nos tocaba sacar las castañas del fuego en Mestalla, el estadio de nuestro rival. La cosa pintaba complicada porque el Valencia era un buen equipo y tenía en su delantera al mítico Claudio López. Yo era un niño por entonces y la verdad es que me importaba poco el ganador del enfrentamiento. Sin embargo, el encuentro resultó bastante emocionante y no dejó de sorprenderme que el Liverpool lograse enmudecer a toda la afición valencianista a la finalización del duelo.

El caso es que el Valencia, por medio del anteriormente mencionado Claudio López, se puso por delante en la primera mitad. Hay que reconocer que, en los años noventa, los aficionados que poblaban las gradas de la mayor parte de los estadios europeos eran bastante más entusiastas, de manera que con dicho gol, Mestalla explotó de júbilo. Yo lo veía desde el salón de mi casa con bastante interés. Tenía claro que unos para mí casi desconocidos ingleses no podrían con aquel equipo. No obstante, un tal McManaman empataba en la segunda parte con un tanto a centro de Owen. McManaman era de lo poco que, junto con el propio Owen, conocía del Liverpool. Pero la sorpresa mayúscula llegó a poco de la conclusión de la contienda con el gol de Berger. Mestalla quedó en silencio y, a pesar del empate final logrado por los locales en el descuento, el Liverpool pasó de ronda en la competición.

Sobra añadir que aquellos chicos vestidos de rojo me impactaron, a pesar de que en la eliminatoria posterior, el Celta de Vigo vengó a sus compatriotas del Valencia. Es mi primer recuerdo lúcido de ver jugar al que, años después, pasó a ser el club del que formo parte. A veces conviene rememorar el pasado para buscar las influencias que marcan un antes y un después en nuestras vidas. Y en este caso, encontrarlas.

lunes, 25 de mayo de 2015

Una década

Se cumplen diez años de aquella mágica noche en Estambul. Creo que lo fácil sería escribir una crónica del partido, de cómo igualábamos tres goles de desventaja en apenas unos minutos y de lo que significó llegar a una dramática tanda de penaltis con la moral por las nubes. También resultaría sencillo rememorar las enormes actuaciones de Carragher o Gerrard, la valentía y el carácter de Xabi Alonso, el discurso de Benítez en el vestuario durante el descanso, el pundonor de Luis García y de Riise o el orgullo de ver a Dudek parando lanzamientos desde los once metros. Pero lo complicado es cerciorarse de que todo aquello, que significó un vuelco en mi manera de entender el deporte, queda ya demasiado lejos.

Y es que una década da para mucho. En lo futbolístico y en lo personal. Quién me iba a decir a mí, hace diez años, que hoy por hoy iba a estar preparándome para afrontar un futuro que nada tiene que ver con lo que imaginaba que sería mi camino al finalizar el primer curso del tenebroso bachillerato. Quién me iba a decir a mí, hace diez años, que iba a estar escribiendo semana a semana un blog dedicado a mi club de fútbol. Quién me iba a decir a mí que, justo diez años después de aquella memorable noche, Gerrard se despediría de todos nosotros. Quién me iba a decir a mí tantas cosas...

En definitiva, se cumplen diez años del 25 de mayo de 2005. Una fecha para el recuerdo, en la que los que teníamos todas las de perder acabamos ganando la Copa de Europa. El destino nos guardó aquel regalo y bien que supimos disfrutarlo. Y todavía lo hacemos.

martes, 31 de marzo de 2015

Amigos para siempre

Hace un par de días, Gerrard y Carragher montaron un partido a modo de pachanga al que asistieron numerosas personalidades tanto de nuestro club como de equipos ajenos, con motivo de una especie de homenaje benéfico sin otra intención que el mero divertimento. Se aprecia en la imagen adjunta que tipos de la talla de Xabi Alonso, Luis García o Reina se desplazaron hasta Liverpool para disfrutar de la cita. También Fernando Torres o Luis Suárez, entre otros. No pude ver el choque, pero estuve pendiente de lo que iba sucediendo y del empate final a dos goles que se registró en el marcador, aunque lo ocurrido sobre el césped era lo de menos. Más me importaba el ambiente en la grada y el recibimiento que se le iba a otorgar a varios de los presentes, con especial atención al mencionado Fernando Torres. Por suerte, Anfield estuvo a la altura y ovacionó al jugador. Y por suerte también, el jugador reconoció que el emplazamiento en el que de verdad disfrutó del fútbol fue Anfield.

Produce nostalgia reencontrarse con semejante cantidad de amigos que han paleado por la camiseta roja y que ahora juegan lejos de nuestra casa. Lo positivo es que todos ellos tienen un recuerdo imborrable de lo que significa el Liverpool y a buen seguro que, en cuanto cuelguen las botas, frecuentarán nuestra grada y se convertirán en incondicionales al mismo nivel que nosotros los seguidores. Eso, o en parte del cuerpo técnico, que tampoco estará nada mal.

viernes, 22 de agosto de 2014

Great memories: El gol de Bellamy

Pocas veces he visto a un entrenador meter a seis defensores en el tramo decisivo de un partido para contener un resultado favorable. Kenny Dalglish lo hizo en 2012, cuando estábamos a punto de llevarnos un meritorio 0-1 de Manchester en la ida de las semifinales de la Copa de la Liga frente al Manchester City. Todavía no sé si aquella estrategia fue un despropósito o una genialidad. Lo importante es que ganamos el duelo y, en consecuencia, pudimos disputar la final. Porque en el choque de vuelta, que se jugaba en Anfield, no lo tuvimos fácil. Comenzamos perdiendo y, tras empatar desde el punto de penalti por medio de Gerrard, la cosa se complicó de nuevo. El Manchester City conseguía el 1-2 en la segunda mitad, un marcador que mandaba la contienda a la prorroga y de finalizar así, en los 120 minutos reglamentarios, quedábamos eliminados. Pero entonces apareció Craig Bellamy, logrando el empate y otorgándonos definitivamente la clasificación para la gran final de Wembley, en la que derrotamos al Cardiff City y conquistamos el torneo. Y es que Craig Bellamy era un tipo especial. Ya en su primera etapa en el club, en la campaña 2006/07, obtuvo todas mis simpatías. Al marcharse en el verano de 2007, supuse que jamás volvería a disfrutar de su desempeño como jugador del Liverpool, pero me equivoqué, puesto que en 2011 retornaba a la plantilla para un segundo periplo en el que iba a colaborar de manera considerable. Acabó siendo la temporada de las copas, campeones de la Copa de la Liga y subcampeones de la FA Cup. En sólo dos cursos vistiendo de rojo demostró que, para jugar al fútbol, lo que de verdad se necesita además de calidad, es atesorar disposición y coraje.

Es por eso que hoy, a tres días de visitar al Manchester City en la segunda jornada de liga, rememoro aquel fantástico gol de Craig Bellamy que tanto celebré en su momento. Una de esas pinceladas mágicas e imborrables de un jugador por completo diferente.

sábado, 9 de agosto de 2014

Romanticismo

Era 1997 y recuerdo estar viendo la televisión. El verano se acercaba y ya había pasado prácticamente un año desde la Eurocopa de Inglaterra, aquella que ganó Alemania y en la que, definitivamente, nació mi interés por el fútbol. Cambiando de canal y sin rumbo fijo, me topé por casualidad con la final de la Copa de Europa cuyos protagonistas eran el Borussia Dortmund y la Juventus, y que ese curso se disputaba en Munich. Tal acontecimiento llamó mi atención sobremanera, no por el hecho de estar en juego el trono europeo, que también, sino por el color de la camiseta del conjunto alemán, un amarillo chillón de tonalidad similar al de los petos que utilizan los trabajadores de los aeropuertos, por referirme a un ejemplo ilustrativo.

Reconozco que las simpatías que profeso hacia el Borussia Dortmund vienen condicionadas desde entonces. Pero van más allá. Un club que representa el trabajo de base, con una comunidad de aficionados muy similar a la del Liverpool y que se hace llamar el equipo de los obreros, sólo puede despertar mi admiración.

Mañana nos visitan en partido amistoso. Ayer, los nuestros entrenaron en Anfield con vistas al choque frente a los alemanes y al comienzo de la liga el fin de semana que viene. The Kop estuvo abarrotado de gente con ganas de competición, por lo que espero que el ambiente que se genere en la grada durante la contienda contra los amarillos cumpla las expectativas.

sábado, 12 de julio de 2014

Great memories: Chapas del Liverpool

Si por algo tengo marcada en la memoria la final de la Copa de la UEFA de 2001 en la que derrotamos al Alavés por 5-4, es por su impacto sobre mi percepción del fútbol británico y por el empuje que supuso para aficionarme al rojo por encima de cualquier otro color. En aquellos tiempos, como individuo extraño que he sido siempre, solía entretenerme por mi cuenta con juegos poco comunes como, por ejemplo, partidos de fútbol-chapa en los que me enfrentaba conmigo mismo. Mientras el resto de chavales se reunía en el parque para dar patadas a un balón, o para cambiar cromos, o para lo que fuese que se hiciera en épocas remotas en las que los teléfonos móviles todavía no nos habían transformado en zombis, yo me quedaba en casa, preparaba una especie de mantel verde a modo de terreno de juego y disputaba duelos a cara de perro entre equipos europeos y, en ocasiones, entre selecciones internacionales. En principio, acostumbraba a recrear la liga española, pero una vez vista aquella memorable final de Copa de la UEFA en la que jugadores como Gerrard, McAllister o Hyypiä asombraron al mundo, decidí abrir paso a los clubes ingleses en mi particular teatro futbolístico. Y el primer conjunto que tuvo el honor de ser fundado, en consecuencia, fue el Liverpool.

Cuando eres niño te diviertes con facilidad. Crecer, en múltiples casos, es aprender a no deleitarte con nada. Muchas veces me pregunto si sería capaz de disfrutar jugando a las chapas en solitario en la actualidad como lo hacía por aquel entonces. La respuesta, mal que me pese, parece negativa. Pero tampoco efectúo la prueba, por lo que puedo estar incurriendo en un error fundamental de atribución. Si soy sincero, me tienta la opción de volver a vestir a un grupo de once chapas de cerveza con camisetas rojas y empezar de cero, como a la edad de 12 o 13 años. Probablemente lo haga, y si accedo al plan, por descontado os lo pienso contar.

viernes, 4 de abril de 2014

Great memories: La noche del gato

Todavía con la resaca de la goleada al Tottenham en mente, creo que es un buen momento para rememorar un suceso del pasado que ocurrió precisamente en un partido frente a los del norte de Londres, allá por el año 2012. Pocos días antes de que disputásemos la final de la Copa de la Liga, se produjo la aparición de un visitante inesperado sobre el césped de Anfield, que no era otro que el gato cuya imagen ilustra el presente texto y que se transformó durante las semanas posteriores en todo un símbolo del club. La verdad es que de aquel choque entre Liverpool y Tottenham, que finalizó con un triste empate a cero, lo único rescatable fue el instante en el que el animal decidió pegarse unas carreras a través del terreno de juego y hacer las delicias de toda la afición, por eso no podía faltar una reseña en este portal dedicada al que desde entonces pasó a denominarse como 'Anfield Cat'. Su recuerdo sigue muy vivo en nuestras memorias.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Great memories: La goleada en Old Trafford

Hace exactamente cinco años, el Liverpool transitaba por la zona alta de la clasificación de la Premier League, más o menos en una situación parecida a la que vivimos en los tiempos actuales. Tras haber eliminado al Real Madrid en los octavos de final de la Copa de Europa, nos plantábamos en Old Trafford para intentar jugarle de tú a tú al Manchester United, equipo que tenía en sus filas a sujetos de la talla de Cristiano Ronaldo. Sin duda, aquella resultó una campaña mágica para los nuestros, y aunque al final no terminásemos levantando el título de liga a la conclusión del curso, nadie ha olvidado que la temporada 2008/09 fue la misma en la que logramos ganar por un gol a cuatro en el denominado 'Teatro de los Sueños'. A todas luces, una proeza digna de rememorar. Si escribo semejantes líneas precisamente ahora es debido a que el próximo fin de semana nos enfrentamos a los diablos rojos a domicilio, no obstante en esta ocasión les sacamos algunos puntos en la tabla y, obviamente, vencer allí no implicará ni por asomo experimentar un júbilo similar al que supuso el mencionado triunfo del mes de marzo de 2009. El partido, por cierto, se disputa el domingo a las 14:30 (13:30 en UK).

martes, 4 de marzo de 2014

El día que me dejé la voz

Uno de los aspectos de mayor irracionalidad del aficionado al fútbol reside en la manera en la que el susodicho celebra los goles de su equipo. En lo que a mí respecta, suelo ser un tipo versátil a la hora de festejar los tantos del Liverpool, lo que me lleva a recorrer una fina línea que va desde la discreción absoluta hasta el delirio más desenfrenado. Debo remontarme hasta el año 2008 para recuperar un hecho que permanecerá para siempre grabado en mi memoria, ya que aquella temporada fue la misma en la que viví un percance verdaderamente importante por culpa de una acción de Fernando Torres. Ya hice referencia al suceso en las reflexiones tras la goleada que el mes pasado logramos ante el Arsenal, pero ahora os pongo por completo en materia. Jugábamos los cuartos de final de la máxima competición europea frente a los del norte de Londres. En el encuentro de ida, los míos habían sacado un valioso empate del Emirates, lo que nos condujo a un cara a cara en Anfield en el que teníamos muchas opciones de conseguir la victoria. El partido se complicó de inicio pero en la segunda mitad, el delantero que por la época vestía nuestra camiseta, el ya mencionado Fernando Torres, agarraba un balón dentro del área y con un disparo cruzado magistral, mandaba el esférico a la escuadra de la portería de los Gunners colocándonos por delante en la eliminatoria. Lo grande del caso es que la mezcla entre nervios y emoción me empujó a gritar con tal fuerza desgarradora que me quedé prácticamente afónico, dejándome toda la voz en el momento. Un recuerdo de esos que uno no puede olvidar.

Dicho gol situaba el 2-1 en el marcador. Al final ganamos por 4-2 en un desenlace de locos en lo que significó la tercera semifinal europea para el Liverpool en cuatro temporadas -2005, 2007 y 2008-. Sin duda eran buenos tiempos para el club, y la verdad es que desde entonces mis cuerdas vocales no han vuelto a verse tan sumamente perjudicadas, aunque en la final de la Copa de la Liga de 2012 estuve muy cerca de emular la mágica noche de la primavera de 2008. Supongo que en el futuro terminaré igualando los decibelios, no me cabe la menor duda.

jueves, 27 de febrero de 2014

FIFA 2000 - It's Only Us

Ya he hecho referencia en alguna ocasión a mi pasado como jugador de videojuegos relacionados con el mundo del fútbol. En concreto, a lo largo de mi infancia y mi primera adolescencia estuve enganchado tanto al PC Fútbol del año 1998, en el que Michael Robinson salía en portada y comentaba los partidos, como al FIFA 2000, probablemente el entretenimiento virtual que marcó con mayor intensidad mi evolución como aficionado al deporte rey. Bien se aprecia en la foto ilustrativa que el disco del que disponía no era para nada el original, sino que se trataba de una copia que conseguimos gracias a ciertos contactos que nos proporcionó bajo cuerda mi amigo el del cromo de McManaman, permitiendo de esa manera que unos cuantos indeseables adquiriésemos el producto por un precio mucho menor del que hubiera supuesto una compra del mismo en los grandes almacenes. De ahí el diseño artesanal elaborado por un servidor.

Pero más allá de las horas que permanecía delante del ordenador, que solían englobar los fines de semana, o de mis destrezas como productor gráfico, hay una circunstancia que no puedo obviar con respecto al famoso FIFA 2000 y a su repercusión a lo largo de mis días remotos. El juego contenía una serie de canciones de acompañamiento, algo habitual en los artículos de EA Sports, donde para mí destacaba un tema del tracklist por encima del resto. El autor era Robbie Williams y el título de la obra It's Only Us -a continuación dejo el correspondiente vídeo porque merece la pena que la disfrutéis-. Dicha pieza musical es un auténtico mito y siempre la incluyo en mis carpetas de varios, debido a que al escucharla evoco tiempos ya lejanos en los que mis grandes preocupaciones se basaban en ganar la liga logrando que Emile Heskey y Michael Owen fuesen los máximos goleadores de la temporada.

lunes, 27 de enero de 2014

Uno de los nuestros

Hace algunos días anunciaba su retirada del fútbol profesional uno de los jugadores a los que estaré eternamente agradecido. Luis García cuelga las botas, y aunque ya escribí anteriormente sobre él en este blog, es imprescindible volver a recordar su paso por el club. Se marcha uno de los nuestros. Espero que en el futuro nos veamos por Anfield.

miércoles, 8 de enero de 2014

La luz de la Champions

Lo primero que debo dejar claro al escribir estas líneas es que no me gusta denominar a la Copa de Europa como Champions League. Sin embargo, me veo obligado a ello puesto que el gran colectivo de seguidores del fútbol europeo así lo hace, pero para mí siempre ha sido y siempre será la Copa de Europa -ese torneo que hemos ganado en cinco ocasiones-. El propósito de este texto no es otro que recordar un momento memorable, de esos que no se olvidan, trayendo al presente algo que se ha ido perdiendo con el paso de los años. No es nada místico, ni mucho menos. Se trata de la luz de la Champions, una frase que mi hermana, la misma que en su día interpretó Macbeth en una jornada de Merseyside Derby, comenta cada vez que la máxima competición de clubes alcanza las eliminatorias decisivas. Tiempo atrás, la susodicha era una auténtica entusiasta del fútbol, incluso más que yo, que ya es decir. En la actualidad, sus inquietudes ya no se centran tanto en el deporte rey, aunque de vez en cuando se interese por el devenir de la Copa de Europa, en actitud de simple simpatizante o por mera curiosidad. La luz de la Champions es la luz del día que todavía se mantiene cuando arrancan los partidos de cuartos de final, así como las semifinales y la gran final. El caso es que durante la temporada los choques suelen ser nocturnos, pero a partir del mes de abril, el sol no se pone hasta, aproximadamente, la conclusión de las primeras partes de los encuentros. Esto es algo que debemos tener muy en cuenta.

Más allá de la anécdota, tengo que decir que mi último gran recuerdo de una eliminatoria de Champions data del año 2007, cuando eliminamos al Chelsea en los penaltis y alcanzamos la final de Atenas. Resulta que, aquel día, teníamos que remontar un uno a cero en Anfield, logrando el gol que igualaba la eliminatoria durante los minutos iniciales por medio de Agger, justo cuando la luz de la Champions seguía siendo protagonista en el estadio. El suceso queda ahora bastante lejos, pero cada vez que rememoro el instante en el que el balón tocaba la red, sigo emocionándome como si de la presente temporada se tratase. Ganar desde los once metros fue toda una agonía, aunque para entonces ya se había hecho de noche.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Cuando ganamos en el Bernabéu

Recuerdo que la primera vez que pude ver jugar al Liverpool en directo, con presencia personal en el estadio pertinente, fue durante el verano de 2002 en el Santiago Bernabéu. Era un partido del trofeo Centenario que organizó el Real Madrid con motivo de sus 100 años como club, en el que nos jugábamos el tercer puesto del mismo frente a un clásico rival europeo, el Milan. Aquel día ganamos la contienda, quedando en mi memoria, más allá del juego desplegado, la cantidad de camisetas rojas que ocupaban el graderío para un simple torneo amistoso en una ciudad lejana a Liverpool. Al cabo de los años, concretamente en febrero de 2009, el azar quiso que nos cruzásemos con el Real Madrid en los octavos de final de la Copa de Europa, en una eliminatoria controvertida puesto que tuve que mantener mi compostura ante los ojos de mis seres cercanos, ya que vivo rodeado de madridistas, tanto en mi familia como en mi grupo de amigos. A lo largo del curso 2008/09, el Liverpool hizo un fútbol increíble, coincidiendo dos de nuestras mejores noches justo en la disputa contra los merengues, a los que pasamos por encima con una autoridad digna de rememorar. El partido de ida, al que hago referencia en las presentes líneas, lo ganamos por 0-1 con gol de Benayoun, marcándose la fecha para la historia del club y para las memorias de todos nosotros, los seguidores. De nuevo, nuestra comunidad de aficionados, el denominado Travelling Kop, pobló el Bernabéu para hacerlo parecer Anfield, dejando claro que, además de vencer en el terreno de juego, derrotamos al Madrid también desde la zona de espectadores. Por si alguien no lo recuerda, unas semanas más tarde barrimos a los blancos por 4-0 en el partido de vuelta en Anfield, con un gol de Torres, dos de Gerrard y otro de Dossena, lo que a la postre significó que multitud de personas de mi entorno reconociesen lo acontecido y me felicitasen de una forma, digamos, merecida.

Para acabar esta entrada, sé que a muchos de mis lectores les hará especial ilusión recuperar, además del resultado, lo que ocurrió en el sector del Bernabéu en el que el mencionado Travelling Kop se situó aquella memorable noche. Adjunto por tanto un vídeo, de los mejores que se pueden encontrar por internet, del suceso en cuestión.

martes, 3 de diciembre de 2013

Entre el Liverpool de Benítez y el de Rodgers

Hace unos días me dio por leer una página de información en castellano sobre la actualidad del Liverpool en la que debatían acerca de la comparación, a mi juicio indebida, entre el antiguo Liverpool de Rafa Benítez y el actual de Brendan Rodgers. Digo indebida porque, teniendo en cuenta que ya han pasado más de tres años desde la marcha del técnico madrileño del club, creo que perdemos el tiempo intentando jugar a comparar a estas alturas, más cuando todavía tenemos por delante gran parte de la temporada y los objetivos están por cumplir. El caso es que algunos contertulios del portal coincidían en el hecho de que el Liverpool de Benítez era un equipo armado para poder vencer en cualquier estadio europeo, algo con lo que estoy totalmente de acuerdo, ya que durante aquellos cinco magníficos años, nos llevamos el triunfo de campos tan complicados como el Camp Nou, Old Trafford -¿recordáis el increíble e inolvidable 1-4 en casa de nuestros grandes rivales en 2009?-, San Siro, Bernabéu, Stamford Bridge... En definitiva, una época plagada de grandes recuerdos a los que el actual equipo comandado por Rodgers todavía no ha tenido ocasión de acercarse. Llevamos varias temporadas sin competir en la Copa de Europa y eso es una losa para intentar hacer similitudes con un equipo que, de 2005 a 2009, disputó tres semifinales, así como dos finales, llevándose un título y peleando al máximo nivel hasta el descalabro de 2010, cuando no pasamos de la primera fase y en la Copa de la UEFA nos eliminaron de forma dramática en las semis -fue el Atlético de Madrid, con aquel trágico gol de Forlán en el tiempo añadido que neutralizó el tanto de Benayoun que nos daba el pase a la final, dejándonos a todos con cara de amargados-.

Desde mi punto de vista, se trata de un debate sin solución ni acuerdo posible. El Liverpool de Benítez era un equipo, creo yo, bastante distinto y en condiciones completamente diferentes al actual. Benítez llegó al club disputando la máxima competición europea y logró algo irrepetible. Sin embargo, Rodgers aterrizó en el Liverpool con el equipo lejos de pelear por la Copa de Europa y con todo por construir. En cuanto al juego, la escuadra de Benítez era rocosa, táctica y luchadora, y la de Rodgers trata de dominar las contiendas por medio del pase y del movimiento de los jugadores. Versiones completamente diferentes.

Si hay dos estandartes de ambos mecanismos de juego, esos son Dirk Kuyt -el tipo de la foto que ilustra las presentes líneas- y Philippe Coutinho, cada uno en su etapa correspondiente. El holandés era uno de esos futbolistas que, llegando al club como goleador, terminó convertido en un gladiador que jugaba por la banda, algo parecido a lo que trata de hacer Henderson ahora, dejando claro que la prioridad para ese antiguo Liverpool era ganar los partidos por medio de la potencia y la entrega, relegando la exquisitez a un segundo o incluso tercer plano. Mientras tanto, Coutinho es pura clase, delicadeza y precisión, algo parecido a lo que quería suponer Benayoun en su momento, aunque con bastante más proyección de futuro. La antítesis uno del otro. Además, como bien comentaban en dicho portal, el centro del campo de Benítez contaba con un tío como Xabi Alonso en el mejor momento de su vida, algo que es imposible de encontrar, ni aunque sea por asomo, en nuestra actual plantilla. En resumen, comparar puede ser divertido, pero creo que no aporta prácticamente nada a los planes y a las intenciones de Brendan Rodgers. Nuestro actual entrenador está implantando una filosofía largoplacista, tenemos que tener paciencia y confianza porque es evidente que, según marcha el equipo, todo lo que el técnico está consiguiendo va por el buen camino. Y eso no nos va a impedir recordar con orgullo lo que supuso el periodo de Rafa Benítez para la historia reciente y memorable del club.

martes, 26 de noviembre de 2013

Grobbelaar y el Olímpico de Roma

Hace un par de semanas, fui al cine a ver la proyección del próximo DVD de Muse, que contiene el concierto que tuvo lugar en el Olímpico de Roma durante su pasada gira de estadios. Pero no es de eso de lo que voy a escribir hoy, aunque es cierto que la presente entrada viene motivada por lo que me suscita aquel lugar de la capital italiana. Resulta que allá por 1984, cuando quedaban todavía cuatro años para mi nacimiento, el Liverpool disputó la final de la Copa de Europa allí, nada más y nada menos que frente a la Roma, equipo anfitrión y que pretendía levantar el trofeo en su terreno de juego, ante los suyos. Pero si algo caracteriza a nuestro club, es el hecho de crecerse ante la adversidad. La etapa desde mediados de los 70 hasta mediados de los 80 fue la más gloriosa de nuestra historia, con un entrenador como el gran Bob Paisley a los mandos del equipo -aunque en la temporada 83/84 el técnico era ya Joe Fagan- y con una serie de jugadores legendarios entre los que se encontraba Bruce Grobbelaar, el que era el guardameta de la plantilla desde 1981. Aquella noche en el Olímpico de Roma, el portero terminó convirtiéndose en el gran héroe, al realizar una extraña danza que tenía como objetivo desconcentrar al jugador rival en el disparo clave de la tanda de penaltis -anteriormente había sonreído los periodistas situados tras la portería y había mordido la red de la misma en un gesto, digamos, raro-, lo que finalmente resultó ser efectivo puesto que nos llevamos la cuarta Copa de Europa tras anotar más lanzamientos que los italianos. Las maniobras de Grobbelaar pasaron a la historia del fútbol europeo, dando lugar a que en 2005, cuando marchábamos al desempate desde los 11 metros frente al Milan en Estambul, Carragher le intentase comer la cabeza a Dudek recordándole al mítico Grobbelaar, influyendo determinantemente en el polaco ya que, emulando a su colega, también protagonizó extraños movimientos corporales que terminaron con la paciencia de individuos como Shevchenko.

Es de rigor rememorar aquella tanda de penaltis de Roma 84', en la que este personaje firmó su gran noche, con un resumen del hecho en cuestión. En dicho documento visual añadido a continuación se aprecia la evolución del arquero durante los lanzamientos desde la pena máxima, hasta repercutir en los errores de los jugadores de la Roma -en el minuto 07:45 del vídeo está la gran proeza del mencionado Grobbelaar-, que vieron como el Liverpool se llevaba aquel torneo gracias a la improvisación y a la peculiaridad de alguno de sus principales componentes.

jueves, 31 de octubre de 2013

Las camisetas del año del triplete

Si algo me hizo especial ilusión visitando el museo de Anfield, además de toparme con las cinco Copas de Europa, fue encontrarme con la imagen que podéis ver en la foto. Son las equipaciones de la temporada 2000/2001, el curso en el que el Liverpool se llevó tres títulos a la saca, la FA Cup, la League Cup y la Copa de la UEFA -posteriormente ganamos también la Supercopa de Europa y la llamada en etapas remotas Charity Shield-. Aquella temporada queda ya bastante lejos, más todavía cuando por entonces mi relación con el fútbol británico se limitaba a jugar con el Liverpool o con el Arsenal en el FIFA 2000, épocas que dejé atrás hace ya mucho tiempo. Fijaos si andaba yo perdido, que me ofrecía para comandar al Arsenal en los videojuegos. Una broma de mal gusto. Independientemente de lo anecdótico, de lo que me acuerdo perfectamente es de la irrupción en el panorama mundial de dos individuos que, posteriormente, ocuparían un lugar bien distinto en nuestra historia. El primero era Michael Owen, que hasta logró llevarse el Balón de Oro tras aquel curso. El segundo, Steven Gerrard. Una comparación muy poco pareja.

Las equipaciones del año del triplete molaban, especialmente la segunda. Recuerdo que, al elegir al Liverpool en el FIFA 2000, cambiaba la camiseta titular por la suplente. Cosas que se me ocurrían y con las que me sentía cómodo. Después de ganar la Copa de la UEFA ante el Alavés en la denominada mil veces final más loca y espectacular de la competición hoy en día conocida como Europa League, decidí que el Arsenal ya no podía seguir ocupando un lugar privilegiado en mi juego de ordenador, pasando a centrarme exclusivamente en el Liverpool cuando me encargaba de disfrutar de la Premier League virtual. Además, reuní un conjunto de chapas clásicas de botella para formar mi equipo-chapa de los Reds. Ya en aquellos días, supongo, empecé a darme cuenta de que mi debilidad por un club legendario y mítico como el Liverpool era más que una simple simpatía lejana. El año 2001 fue bastante importante, de ahí que al ver la estampa añadida como foto de entrada, me sintiese especialmente emocionado.

martes, 22 de octubre de 2013

Great memories: Ganando en Barcelona

Recuerdo aquel día como si fuese ayer. El horario de los partidos de Copa de Europa siempre coincidía con mis entrenamientos de baloncesto, por lo que solía llegar, cuando los encuentros eran en miércoles, para ver los últimos 40 minutos de los mismos. En 2007 parecía que el equipo volvía a estar en plenas facultades para hacer un buen papel en la máxima competición europea, de modo que mis nervios se incrementaron durante la noche en la que visitábamos el Camp Nou para la disputa de los octavos de final de la Champions League. Regresé a mi hogar con la segunda parte ya comenzada, recibiendo la noticia de que íbamos empatados a uno tras haber empezado perdiendo, pero con la suerte de igualar el choque poco después con un tanto que se le adjudicó al gran Craig Bellamy -con celebración a lo golfista como se aprecia en la imagen-, aunque lo convirtieron entre él, Kuyt y la colaboración del meta rival, Víctor Valdés. Cuando Riise logró el segundo gol, la emoción hizo que me levantara de la silla y me trasladase directo al salón de mi casa, lo que requirió un paseo de júbilo a lo largo de todo el piso ya que estaba visualizando el partido en mi cuarto, que dista a unos cuantos metros de la sala de estar. Finalmente nos llevamos el triunfo y pasamos la eliminatoria, terminando el curso como subcampeones de Europa tras perder la final de Atenas ante el Milan, pero la historia estaba hecha, porque ganar al Barcelona de Ronaldinho, Messi y compañía no fue tarea sencilla. De ahí que los desplazados hasta el estadio culé celebrasen la victoria mostrando bastante euforia, como se observa en el siguiente documento visual.