Uno de los aspectos de mayor irracionalidad del aficionado al fútbol reside en la manera en la que el susodicho celebra los goles de su equipo. En lo que a mí respecta, suelo ser un tipo versátil a la hora de festejar los tantos del Liverpool, lo que me lleva a recorrer una fina línea que va desde la discreción absoluta hasta el delirio más desenfrenado. Debo remontarme hasta el año 2008 para recuperar un hecho que permanecerá para siempre grabado en mi memoria, ya que aquella temporada fue la misma en la que viví un percance verdaderamente importante por culpa de una acción de Fernando Torres. Ya hice referencia al suceso en las reflexiones tras la goleada que el mes pasado logramos ante el Arsenal, pero ahora os pongo por completo en materia. Jugábamos los cuartos de final de la máxima competición europea frente a los del norte de Londres. En el encuentro de ida, los míos habían sacado un valioso empate del Emirates, lo que nos condujo a un cara a cara en Anfield en el que teníamos muchas opciones de conseguir la victoria. El partido se complicó de inicio pero en la segunda mitad, el delantero que por la época vestía nuestra camiseta, el ya mencionado Fernando Torres, agarraba un balón dentro del área y con un disparo cruzado magistral, mandaba el esférico a la escuadra de la portería de los Gunners colocándonos por delante en la eliminatoria. Lo grande del caso es que la mezcla entre nervios y emoción me empujó a gritar con tal fuerza desgarradora que me quedé prácticamente afónico, dejándome toda la voz en el momento. Un recuerdo de esos que uno no puede olvidar.
Dicho gol situaba el 2-1 en el marcador. Al final ganamos por 4-2 en un desenlace de locos en lo que significó la tercera semifinal europea para el Liverpool en cuatro temporadas -2005, 2007 y 2008-. Sin duda eran buenos tiempos para el club, y la verdad es que desde entonces mis cuerdas vocales no han vuelto a verse tan sumamente perjudicadas, aunque en la final de la Copa de la Liga de 2012 estuve muy cerca de emular la mágica noche de la primavera de 2008. Supongo que en el futuro terminaré igualando los decibelios, no me cabe la menor duda.
Dicho gol situaba el 2-1 en el marcador. Al final ganamos por 4-2 en un desenlace de locos en lo que significó la tercera semifinal europea para el Liverpool en cuatro temporadas -2005, 2007 y 2008-. Sin duda eran buenos tiempos para el club, y la verdad es que desde entonces mis cuerdas vocales no han vuelto a verse tan sumamente perjudicadas, aunque en la final de la Copa de la Liga de 2012 estuve muy cerca de emular la mágica noche de la primavera de 2008. Supongo que en el futuro terminaré igualando los decibelios, no me cabe la menor duda.

Muy interesante eso de tu versatilidad a la hora de celebrar los goles... :)
ResponderEliminarLaura