jueves, 25 de diciembre de 2014

La estanquera de Saigón

En la URSS también había fútbol, y muy bueno, por cierto. La frase anterior se la leí a Nega en su cuenta de Twitter, respondiendo a algún listillo que, como adalid de la marginalidad, criticaba el hecho de que la gente de izquierdas viese fútbol o apoyase a determinados equipos. Supongo que muchos intelectos que viven en su burbuja consideran que el deporte rey es un distractor esencial de las clases populares, y en cierto sentido, no les falta razón. Pero no deberían olvidar que, en sus orígenes, el fútbol siempre ha sido el espectáculo de la clase obrera. Que hoy por hoy esté secuestrado por grandes firmas, poderosos jeques, constructores sin escrúpulos y multimillonarios caraduras no quiere decir que no siga siendo un elemento fundamental de construcción social popular. Independientemente de la relación entre fútbol y política, me veo en la obligación moral de recomendar encarecidamente el último disco de Los Chikos del Maíz, que vio la luz hace escasas semanas y que desde entonces no he dejado de escuchar al menos una vez al día. Tras la bomba que resultó Riot Propaganda, en colaboración con Habeas Corpus, esperaba con ansia este álbum y la verdad es que ha merecido la pena. La evolución tanto en estructura como en letras, la madurez del grupo y el mensaje de cada tema es sublime. Las rimas de Toni y Nega nunca dejan indiferente. No sé si los aficionados al fútbol seremos o no revisionistas, pero desde luego, y como dijo el propio Nega, que nadie pase por alto que los rusos sabían bastante acerca de dar patadas a un balón y además lo hacían de maravilla.

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