En la retransmisión del partido contra el Bournemouth en esa plataforma a la que ahora denominan Movistar+, el narrador y el comentarista de turno hicieron alusión a unas palabras de Lallana en las que nuestro jugador aseguraba que, a base de mucho entrenamiento, ha logrado llegar a ser ambidiestro. Es decir, que le pega al balón tanto con la izquierda como con la derecha. Supongo que no debo ser el único que se había dado cuenta de este hecho ya desde su etapa en el Southampton. Pero lo que de verdad me llamó la atención fue el comentario sobre el que ambos locutores discutieron a continuación. No sé con precisión si fue Sixto Miguel Serrano o su acompañante el que denominó la estrategia técnica de Lallana tal que una muestra de gran ética de trabajo. El término ética de trabajo ronda por mi cabeza en los últimos días y no acabo de tener del todo claro el motivo.
Quizás lo asocio a la cuestión de la disciplina pseudo-militar de un equipo de fútbol. Lo veo cada tarde cuando bajo a hacer deporte cerca de mi casa. Los equipos de fútbol de mi barrio, a partir de las categorías inferiores, se ven sometidos a duras sesiones de trabajo técnico y táctico. Es curioso verlo desde fuera. Si en el fútbol base los entrenadores buscan incesantemente lo minucioso, supongo que Rodgers multiplicará esa manera de actuar por diez o por cien. O quizás sea Lallana en solitario el que, al querer despuntar, se haya aplicado a sí mismo una rutina extra a la hora de mejorar en su faceta de futbolista. Más allá del suceso en cuestión, admito que sería muy de mi interés acudir a alguna sesión preparatoria del equipo con el fin de comprobar cuál es la auténtica ética de trabajo de nuestro entrenador. En sus altibajos tras las tres temporadas en las que lleva entrenando a la plantilla, las dudas sobre su eficacia nos invaden a muchos. Por tanto, no es de extrañar que, ante semejante motivo, seamos un amplio número de seguidores los interesados en comprobar qué clase de técnico es Rodgers en realidad.
Quizás lo asocio a la cuestión de la disciplina pseudo-militar de un equipo de fútbol. Lo veo cada tarde cuando bajo a hacer deporte cerca de mi casa. Los equipos de fútbol de mi barrio, a partir de las categorías inferiores, se ven sometidos a duras sesiones de trabajo técnico y táctico. Es curioso verlo desde fuera. Si en el fútbol base los entrenadores buscan incesantemente lo minucioso, supongo que Rodgers multiplicará esa manera de actuar por diez o por cien. O quizás sea Lallana en solitario el que, al querer despuntar, se haya aplicado a sí mismo una rutina extra a la hora de mejorar en su faceta de futbolista. Más allá del suceso en cuestión, admito que sería muy de mi interés acudir a alguna sesión preparatoria del equipo con el fin de comprobar cuál es la auténtica ética de trabajo de nuestro entrenador. En sus altibajos tras las tres temporadas en las que lleva entrenando a la plantilla, las dudas sobre su eficacia nos invaden a muchos. Por tanto, no es de extrañar que, ante semejante motivo, seamos un amplio número de seguidores los interesados en comprobar qué clase de técnico es Rodgers en realidad.

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