El mercado de fichajes provoca comportamientos particulares entre la gran mayoría del sector de seguidores de un club de fútbol. Nosotros, lógicamente, no somos ajenos a semejante fenómeno de masas. Los medios de comunicación y la deriva del deporte en un espectáculo mediático más cercano a la música pop que a lo que debería ser ha suscitado que, en la actualidad, los aficionados se dejen llevar por los nombres seductores y las expectativas antes que por las necesidades específicas de un determinado equipo. Este verano, al igual que en los mercados anteriores, está sucediendo dicho espectro de comportamiento en parcelas del núcleo sociológico del Liverpool. Parece ser que había personas que pensaban que con Jürgen Klopp en nuestro banquillo y con el dinero de los mandatarios nos íbamos a convertir, de repente, en un reclamo futbolístico al nivel de las grandes potencias económicas europeas. Por el contrario, al menos en mi caso, otros sabíamos que eso no ocurriría tal que así. Si el club tiene dinero y un proyecto que armar, no va a hacerse a lo loco ni con la mirada puesta en pelear por fichar a jugadores cuyo valor de mercado oscila entre los 70 y los 120 millones de euros. Jürgen Klopp es consciente de que venimos de una prolongada travesía por el desierto y que, además, la próxima temporada no disputaremos competición europea. ¿Podemos aspirar, entonces, a fichar a los futbolistas más llamativos del panorama? Creo que la respuesta es obvia: no.
No obstante, hay que reconocer que hemos efectuado varios movimientos inteligentes. Traer a un portero del nivel de Loris Karius era una necesidad básica que reclamaba nuestra plantilla, tanto para darle competencia a Mignolet como para cubrir con mayores garantías la maltrecha posición bajo los palos. Del mismo modo, Joel Matip y Marko Grujic pueden ser jugadores útiles a lo largo de una temporada de duración media. No son nombres que engatusen a la opinión pública, no son grandes estrellas mediáticas, pero la arquitectura del equipo demandaba reforzar sus líneas y, de momento, lo hemos hecho. Por otro lado, la llegada de Sadio Mané es de las que en un principio no llegué a comprender en su totalidad -en gran medida por el precio de coste-, sin embargo puede tratarse de una incorporación que proporcione al ataque del Liverpool una variante que quizás desde Kuyt y Bellamy no habíamos logrado recuperar. Supongo que el entrenador y su gente todavía advierten que el trabajo de mejora del colectivo no se ha completado. Es posible que lleguen dos o tres futbolistas al equipo antes de que se cierre el periodo de traspasos, y en el caso de que no se produzcan nuevas incorporaciones, tocará pelear con lo que ya tenemos. No nos engañemos, estamos en posición de desventaja con respecto a amplio número de adversarios a la hora de atraer a los grandes nombres. Cuanto antes lo asuma el cien por cien de nuestro entorno, mejor preparados estaremos para salir a competir en unidad y armonía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario