Del mismo modo que en su momento no escribí nada sobre el famoso resbalón de Gerrard en la jornada 36 de la Premier League 2013/14 en este portal, a lo largo del tramo final del pasado curso tome la decisión de dejar de lado la acusación que la UEFA efectúo hacia Mamadou Sakho por una supuesta ingesta, por su parte, de sustancias prohibidas. Sin embargo, ahora que dicha acusación se ha resuelto y que nuestro jugador ha sido exculpado, considero oportuno criticar al principal organismo del fútbol europeo. Y es que Sakho, además de perderse los tres partidos más importantes del Liverpool en los meses de abril y mayo de la pasada campaña -las semifinales y la final de la Copa de la UEFA-, también se ausentará de la final que su selección, Francia, va a disputar esta noche frente a Portugal en la Eurocopa.
La verdad es que en situaciones de este tipo, en las que el club aparta al implicado, resulta complejo mostrar apoyo al deportista en cuestión ante la gran cantidad de dudas que genera la posibilidad de una auténtica existencia de dopaje. No obstante, debo reconocer que tuve claro, desde el primer momento, que tarde o temprano se demostraría la inocencia de Sakho. Algunos otros camaradas también, ya que recuerdo, por ejemplo, aquella pancarta que se exhibió en Villarreal cuyo lema clamaba #FreeSakho. El tiempo nos ha dado la razón. Espero que la UEFA, ese entramado burocrático al servicio de intereses mercantiles, espabile en lo referente a lo importante, que es el deporte. Parece que en dicha organización, ciertos personajes andan más preocupados por sus sillones y poltronas que por ofrecer a los aficionados un producto honesto y de calidad. Cuando son los futbolistas los que pagan por tales incompetencias, acaba por verse afectada una comunidad entera de seguidores y simpatizantes. Me conformaría, visto lo visto, con que no se volviese a repetir una metedura de pata tan impresentable.
La verdad es que en situaciones de este tipo, en las que el club aparta al implicado, resulta complejo mostrar apoyo al deportista en cuestión ante la gran cantidad de dudas que genera la posibilidad de una auténtica existencia de dopaje. No obstante, debo reconocer que tuve claro, desde el primer momento, que tarde o temprano se demostraría la inocencia de Sakho. Algunos otros camaradas también, ya que recuerdo, por ejemplo, aquella pancarta que se exhibió en Villarreal cuyo lema clamaba #FreeSakho. El tiempo nos ha dado la razón. Espero que la UEFA, ese entramado burocrático al servicio de intereses mercantiles, espabile en lo referente a lo importante, que es el deporte. Parece que en dicha organización, ciertos personajes andan más preocupados por sus sillones y poltronas que por ofrecer a los aficionados un producto honesto y de calidad. Cuando son los futbolistas los que pagan por tales incompetencias, acaba por verse afectada una comunidad entera de seguidores y simpatizantes. Me conformaría, visto lo visto, con que no se volviese a repetir una metedura de pata tan impresentable.

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