miércoles, 2 de septiembre de 2015

Quiero y no puedo

No soy muy amigo de interesarme por la vida de los futbolistas más allá de sus desempeños en los terrenos de juego. Pero hay ocasiones en las que determinados sucesos hacen que me vea en la necesidad de atender a las posibles consecuencias que tiene, para los jugadores de fútbol, ser personajes públicos expuestos a la crítica despiadada. En gran cantidad de ámbitos sociales, es complicado argumentar ante la gente común que un futbolista es un ser humano y que, por lo tanto, su rendimiento en el campo puede verse afectado por diferentes contingencias que suceden a su alrededor. Desde un acontecimiento en su entorno privado hasta los insultos que provienen de la grada. Esa gente común, parte de los cuales se autodenominan aficionados al deporte, creen que por el simple motivo de ganar mucho dinero, los futbolistas no tienen derecho a cometer errores o a no cumplir con las expectativas. El tema de las expectativas daría para otra entrada, la verdad. En este caso, tan sólo quería escribir unas líneas en apoyo a uno de los miembros de nuestra plantilla que el fin de semana pasado cometió un grave error que nos costó el segundo gol en contra y que, en consecuencia, despertó la ira de multitud de seguidores.

Se trata de Dejan Lovren. Llegó al equipo el curso pasado y desde entonces no ha conseguido cuajar actuaciones especialmente acertadas, salvo puntuales excepciones. El tipo en cuestión parece bastante comprometido con el club, por lo que es complicado ponerle pegas en ese sentido. Sin embargo, ciertas pifias en defensa han provocado que un sector de nuestra afición cuestione su presencia en el once titular, cosa lógica teniendo en cuenta que contamos con otros jugadores en tal posición que podrían mejorar sus registros. Es como un quiero y no puedo por su parte. Quizás yo me incluya entre ese grupúsculo de gente que piensa que Lovren no debería ser de la partida de inicio en nuestros partidos, pero al margen de mi opinión meramente subjetiva, jamás se me ocurrirá insultar o descalificar a un individuo que, estoy convencido, no consigue rendir debido a una evidente falta de confianza transitoria. Lo expongo en el presente texto porque el pasado domingo, Lovren cerró su cuenta de Instagram muy probablemente por esos insultos y descalificaciones tan habituales en el mundo del fútbol entre los supuestos aficionados. Son las clásicas actitudes mediocres que se reproducen después de derrotas dolorosas como la sufrida ante el West Ham el sábado. Desde este blog, quiero expresar mi firme, decidido y absoluto apoyo hacia Dejan Lovren con el deseo de que pronto recupere un nivel de juego acorde a lo que todos esperábamos tras su fichaje.

PD: Cabe la posibilidad de que dentro de unos días, unas semanas o unos meses, Lovren vuelva a activar su cuenta de Instagram. Estaré atento para informar al respecto.

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