sábado, 5 de septiembre de 2015

Ganar o convencer

La mayoría de mis amigos son madridistas. Y los que no, o son del Atlético de Madrid o del Barcelona. Conozco a muy pocas personas que, viviendo en mi entorno cercano, apoyen a otros equipos. La excepción, obviamente, son los camaradas del Liverpool con los que tengo contacto gracias a la gran red de redes. Dicho lo anterior, recuerdo que en el año 2006 el Real Madrid tomó la decisión de firmar como entrenador al carismático y polémico Fabio Capello, un técnico que se caracterizaba por la escasa vistosidad de su fútbol pero por una enorme efectividad en cuanto a resultados. Aquello suscitó debate a mi alrededor. Había algunos madridistas de los que me rodean que despreciaban rotundamente el estilo del entrenador italiano, mientras que otros sabían que, a pesar del fútbol aburrido que practicaban los suyos, las victorias acabarían por llegar. Y eso fue lo que sucedió. El Real Madrid quedó campeón de liga aquel curso tras una sequía de varios años sin títulos. Sin embargo, la incesante presión que ejercía el siempre crítico Bernabéu en contra del por entonces manager del equipo hizo que la directiva tomase la decisión de cesarle de su cargo una vez concluida la temporada.

Cuando en 2004 el Liverpool fichó a Rafa Benítez -que casualmente ahora entrena al Real Madrid-, rondó por mi cabeza un único pensamiento: a ver lo que dura. Y duró cinco temporadas, con una Copa de Europa y un subcampeonato europeo a sus espaldas, además de una FA Cup, una Supercopa de Europa y una Community Shield. Rafa Benítez también fue criticado debido a su fútbol táctico y rocoso, lo que no impidió que nos brindase la mejor etapa reciente del club en cuanto a logros se refiere. Yo no me considero un seguidor excesivamente resultadista. Es más, primo en multitud de ocasiones el juego del equipo a los marcadores finales. No obstante, sería deshonesto otorgarle mayor importancia a dar una buena imagen futbolística que a ganar en los tiempos que corren. Quiero que el Liverpool gane y, llegados a este punto, reconozco que no me importa vencer aunque sea jugando mal. Por eso nunca me ha gustado criticar a los entrenadores que, utilizando estrategias en ocasiones no demasiado espectaculares, logran triunfos de tremendo mérito -un claro ejemplo es el del Cholo Simeone en el Atlético de Madrid-. En la actualidad priman las victorias por encima de hacerlo bonito en cualquier tipo de deporte de competición profesional. Y a decir verdad, espero que Brendan Rodgers logre ganar aunque sea sin convencer en el presente curso. Porque sé que si no gana, por mucho que consiga convencer con su estilo de juego, los que mueven el dinero en el club terminarán por despedirle.

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