Los que somos del fútbol de la vieja escuela por encima del fútbol moderno de las estrellas del pop, deseamos que jugadores como Rickie Lambert triunfen en nuestros equipos antes que cualquier desembolso multimillonario. Sin embargo, hay ocasiones en las que no es posible que algo semejante ocurra, de modo que el futbolista en cuestión acaba saliendo, sin pena ni gloria, por la puerta de atrás del club. No obstante, en el recuerdo permanece la voluntad del individuo de firmar, a una edad considerable teniendo en cuenta las franjas entre las que se mueven los deportistas hoy en día, por el equipo de sus amores y el intento de contribuir, aunque sea solamente con unos pocos goles aislados, a conseguir victorias en competición. Por ello me duele que un tipo honesto como Rickie Lambert no haya podido completar su gran sueño, que significaba alcanzar metas en el Liverpool. Todos los que hemos sido jugadores en deportes de equipo guardamos sueños que queremos o necesitamos cumplir. El mío, por ejemplo, se relacionaba con anotar un triple en una cancha de la NBA. El de Lambert, en el caso que nos concierne, era jugar en la entidad de la que es seguidor desde pequeño. Espero que en el lugar al que ahora acude encuentre nuevos horizontes y no olvide que, en el fondo, es y será uno de los nuestros. Porque como dice el lema, el que fue rojo una vez, seguirá siendo rojo para siempre.

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