En modificación de conducta se tratan muchos problemas, siendo el Trastorno obsesivo-compulsivo o TOC uno muy común entre los pacientes de rigor. El caso es que, desde mi humilde punto de vista, el TOC puede interferir en situaciones cotidianas sencillas o, por el contrario, en comportamientos disfuncionales complejos, de manera que a todos nos afecta, diferencialmente, en forma de pequeñas manías absurdas. Con el comienzo de la temporada, he decidido que debo buscar un nuevo protocolo de actuación basado en cierto ritual que manejo a la hora de animar al equipo desde la distancia. El curso anterior usaba una de mis camisetas durante tres partidos, para cambiarla por la otra los tres siguientes. Consideré que de ese modo daba suerte a los jugadores. Resulta absurdo, pero a pesar de los años que llevo viendo fútbol, todavía creo en supersticiones tales como la que acabo de describir. La inquietud me invade si, antes de un enfrentamiento, olvido cumplimentar la rutina. Es mi irremediable TOC, soy incapaz de evitarlo. Quizás esta campaña, en lugar de tres y tres, utilice una de las camisetas para los partidos como locales y la otra para los partidos como visitantes. Podría ser un buen argumento. Hasta que en agosto arranquen las competiciones dispongo de tiempo para pensarlo. Y es seguro que este asunto va a darme más de un quebradero de cabeza.

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