Cuando Jürgen Klopp firmó con el club allá por el pasado mes de octubre, en el día de su presentación pronunció una frase que tengo grabada a fuego desde entonces. Me refiero a aquello de la emotividad, a aquello de empezar a jugar un fútbol emocional porque eso es importante en Anfield. Cuánta razón tenía y qué bien ha entendido lo que significa el Liverpool. Y es que es ese fútbol el que nos ha conducido hasta una final europea. Después de tantas complicaciones en la temporada, con momentos malos y muy malos, con jugadores lesionados, con reestructuraciones deportivas y también con grandes noches para el recuerdo, viajar a Basel a disputar la final de la Copa de la UEFA es el premio a un proyecto que arrancará completamente el curso que viene, pero que ya va dejando sus primeras muestras de intencionalidad. Siendo honesto y sincero, creo que Jürgen Klopp es lo mejor que le ha pasado a nuestra entidad desde la etapa de Rafa Benítez. Los motivos son muchos y variados, pero hay uno que está por encima del resto y es el regreso de la ilusión y de la mencionada emotividad. Buena muestra de ello es el nunca caminarás solo previo al choque frente al Villarreal o el festejo posterior al triunfo que protagonizó el propio Klopp sobre el césped de Anfield.

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