viernes, 29 de enero de 2016

El inevitable desconcierto

Es posible que la mayoría de los seguidores del Liverpool seamos capaces de llegar a la conclusión conjunta de que nuestro equipo no juega bien al fútbol. No hace falta entender mucho acerca de este deporte para percatarse de que cada partido es un calvario en el que, por costumbre, tendemos a sufrir de lo lindo. Y esto no es algo nuevo o de la presente campaña en concreto, en absoluto. El colectivo lleva inmerso en una situación parecida varios años. Incluso en la temporada en la que estuvimos apunto de ganar la liga el fútbol que desplegábamos era dubitativo a la par que inconsistente, con la salvedad de que contábamos en la delantera con el siempre infalible Luis Suárez. Sin embargo, lo curioso del asunto es que con un nivel de juego tan escaso vayamos a pelear por llevarnos, al menos, un título este curso. Quizás el jugador que mejor representa el nivel del actual Liverpool es Mignolet, un tipo capaz de condenarnos con sus clásicas malas salidas en los balones aéreos o de salvarnos con paradas imposibles y esenciales. No resultó nada extraño que Klopp se fundiese en un enorme y satisfactorio abrazo con él tras los dos penaltis que detuvo el miércoles ante el Stoke City. Y es que así es el Liverpool contemporáneo, tan imprevisible como desconcertante.

PD: Mañana disputamos eliminatoria de FA Cup en casa contra uno de los rivales que peor se nos viene dando en los tiempos recientes, el West Ham United. Come on Liverpool...

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