miércoles, 9 de diciembre de 2015

Amor por nuestro club

Siempre he pensado que mi devoción y gusto por el baloncesto se basa en criterios racionales, tangibles, lógicos. Si alguien me pregunta por mi deporte favorito, suelo referirme de inmediato al juego del balón y la canasta. Sin embargo, y a diferencia del fútbol, acostumbro a seguir el baloncesto con intensidades emocionales controlables. Para mí, el baloncesto es pura afición y predilección por un deporte que, en su conjunto, considero que lo tiene todo. Disfruto tanto del baloncesto que incluso cuando los equipos a los que animo caen derrotados, soy capaz de olvidar el mal trago y salir a flote al instante. Y eso no me ocurre con el fútbol.

Después de perder en Newcastle el pasado fin de semana, permanecí durante varias horas, o quizás durante un día entero, con la moral por los suelos. Y al analizarlo a posteriori me siento bastante ridículo, la verdad, a sabiendas de que no nos va la vida en ello. Pero los tropiezos del Liverpool afectan a mi persona de un modo inexplicable, al igual que los triunfos. Con sus palabras tras la victoria ante el Southampton en Copa de la Liga, Jürgen Klopp estaba en lo cierto afirmando que somos del Liverpool porque amamos profundamente a nuestro club. Y además desde el terreno de lo inenarrable. No busquemos una explicación racional, tangible o lógica.

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