Resulta que en la actualidad, los primeros entrenadores de los equipos, en nuestro caso Brendan Rodgers, están implantando la extraña costumbre de, en determinadas ocasiones, delegar el protagonismo antes y después de los partidos a los segundos técnicos. Es decir, centrándonos en el Liverpool, Gary McAllister, que se incorporó a la plantilla de preparadores en verano, ejerce puntualmente las labores de líder dando explicaciones a la prensa tras los encuentros disputados por el equipo. No deja de sorprenderme esta estrategia. En España se conoce el mencionado método ya que lo solía utilizar el hoy manager del Chelsea, José Mourinho, cuando cedía los honores al que era su ayudante, Aitor Karanka, en el Real Madrid. Ahora somos nosotros los que nos subimos al barco de la doble cara en cuanto a las charlas con los periodistas. Debo declarar que no es habitual que me interese en exceso por lo que dicen o dejan de decir los entrenadores. Lo mío es atender a lo que los jugadores hacen en el campo, y lo que venga con posterioridad, me importa poco. Pero en la situación en la que nos encontramos, con tantas dudas e incertidumbres alrededor de la figura de nuestro primer entrenador, reconozco que voy leyendo y escuchando con detenimiento todos sus argumentos. De ahí que al ver a McAllister hacer lo propio al concluir el dramático partido frente al Carlisle United me sintiese desconcertado.
Y no es porque considere a McAllister un individuo poco válido para ejercer de cabeza visible, ni mucho menos. Guardo un excelente recuerdo de sus años como jugador, vaya por delante. Lo que ocurre es que me da la sensación de que en ciertos momentos, el amigo Brendan Rodgers podría estar escondiéndose o tramando algo en las sombras a merced de los malos resultados y del mal juego del colectivo. No tiene pinta, en las próximas fechas, de que la directiva se plantee cambios radicales. Habrá que seguir atentos a las reacciones del respetable en Anfield, empezando por este sábado en el complicado enfrentamiento contra el Aston Villa, un duelo que se antoja absolutamente fundamental si no queremos seguir de espaldas y cuesta abajo.
Y no es porque considere a McAllister un individuo poco válido para ejercer de cabeza visible, ni mucho menos. Guardo un excelente recuerdo de sus años como jugador, vaya por delante. Lo que ocurre es que me da la sensación de que en ciertos momentos, el amigo Brendan Rodgers podría estar escondiéndose o tramando algo en las sombras a merced de los malos resultados y del mal juego del colectivo. No tiene pinta, en las próximas fechas, de que la directiva se plantee cambios radicales. Habrá que seguir atentos a las reacciones del respetable en Anfield, empezando por este sábado en el complicado enfrentamiento contra el Aston Villa, un duelo que se antoja absolutamente fundamental si no queremos seguir de espaldas y cuesta abajo.

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