A comienzos de la temporada pasada, cuando Balotelli aterrizó en el Liverpool, supuse que si Rodgers lograba que se centrara y se comportase, iba a ser un jugador de gran ayuda y, además, el propio Rodgers demostraría sus dotes como entrenador y también como psicólogo. Nada más lejos de la realidad. A decir verdad, las cualidades que tenga Rodgers a la hora de preparar mentalmente a los miembros de la plantilla las desconozco. Sin embargo, la aportación de Balotelli al equipo desde hace un año ha sido un cero a la izquierda. Apenas unos pocos goles, que se pueden contar con los dedos de una mano, y algún que otro encontronazo. Pero al parecer entre sus compañeros no cae del todo mal. Por eso ayer varios de ellos se juntaron para festejar el cumpleaños del chaval, que al no servirnos en el terreno de juego, deberá contentarse con este tipo de celebraciones. Es una pena que un futbolista con tanta proyección sea hoy por hoy un simple reserva que ni juega ni entrena en condiciones. Del mismo modo, es una pena que invirtiéramos una cantidad de dinero considerable en un individuo cuya contribución reside en subir fotos a Instagram y en hacer que varios jugadores de la plantilla del equipo cocinen una tarta diseñada con su camiseta del conjunto nacional italiano.

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